Un tipo de autismo para cada chico

Artículo publicado el 28 de agosto en Rosario 12, de Página 12

Es verdad que en los últimos años nos encontramos con un número creciente de chicos con dificultades graves. Aumento que no incluye necesariamente a niños que deban encuadrarse como autistas. Si así ocurre es porque la modalidad clasificatoria que incorporó la noción de “espectro autista” ha hecho mucho más laxa la inclusión bajo ese diagnóstico y contribuye a la impresión de un efecto epidemia. En la práctica, el TEA termina homogeneizando lo diverso bajo una sigla que pierde su precisión diagnóstica para convertirse en una contraseña para obtener prestaciones que deberían ser accesibles por otros caminos que distorsionen menos la clínica y discapaciten menos a sus receptores.

Porque dentro del Espectro hay chicos que hablan y otros que no, algunos no sonríen a los otros, pero no todos, hay chicos con estigmas físicos y otros que no, hay chicos con enfermedades genéticas comprobadas y otros que no, hay quienes padecen de algún tipo de dismorfia (micro o macrocefalia por ejemplo) que indica una influencia negativa prenatal pero no son la mayoría, hay chicos que escriben libros de jóvenes o de adultos y otros que no, hay chicos con una memoria prodigiosa y otros que no, hay chicos que logran un vínculo con sus padres y otros que no, hay quienes tienen movimientos estereotipados y otros que no, hay quienes se apegan excesivamente a un objeto pero otros no. Cada vez va quedando más claro que no hace falta ser autista para estar dentro del espectro autista.

Los autismos, así, en plural, son un conjunto heterogéneo, donde el autismo aparece a veces como un síntoma, transitorio o permanente en un cuadro complejo. En otros casos se presenta como el rasgo que estructura la subjetividad, como un cuadro que reúne otros rasgos que lo configuran como autismo esencial. Esos que Kanner seguiría llamando autistas.

Ante tanta diversidad no es posible pensar una fuente genética única de los síntomas autistas sino que habrá muchos patrones y variadas y combinadas bases genéticas para los diferentes chicos con autismo que no deberían ser considerados como dificultades del desarrollo. Más bien se trata de trastornos graves en los procesos de subjetivación. Es decir de las formas en que un recién llegado al mundo se apropia de lo que éste tiene para ofrecerle y es a la vez apropiado por su familia. No tenemos certezas causales. El lenguaje humano no está en los genes. La humanización del genoma hace que los bebés humanos nazcan programados para ser re﷓programados. Esa es nuestra potencialidad maravillosa y también nuestra fragilidad consecuente.