TEA PARTY EDUCATIVO

PorJUAN VASEN ESPECIALISTA EN PSIQUIATRÍA DE LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA

Es lógico que los padres norteamericanos estén preocupados. En los ‘60 Robert Young encarnaba al padre ficcional del sueño americano en la serie “Papá lo sabe todo”. Hoy es Homero Simple quien, queriblemente, representa a quien no puede hacerse responsable de nada. En el medio, más de siete millones de chicos obesos, atrapados en las mallas del consumo o ya desatentos y desmotivados consumen medicamentos estimulantes o estabilizadores del ánimo para hacer frente a las exigencias de una sociedad eficientista que, como decía un graffitti de Nueva York, “tolera todo menos el fracaso”. Amy es una representante del taylorismo educativo. De la exigencia cuasi aristocrática de excelencia diferenciadora que a través del rigor pretende tapar un agujero de sentido. Que lleva a la pregunta de los pedagogos norteamericanos (ante la evidencia de que se empieza a pretender que los chicos lean y escriban a los cuatro años) de si no es :”Too much too soon?”. Esa especie de “Mecánica Popular” para un ”hágalo usted mismo” con los sentimientos, peca de lo que Paula Sibilia llama “La intimidad como espectáculo”. Que no le pase como a Justin Chapman, el famoso falso niño genio neoyorkino que terminó psicótico odiando a su madre y falto de padre. Amy dice que ésta es la historia de una madre, dos hijas y dos perros. Nos está “metiendo” al menos uno.