SIN PILAS

“Por fin sabemos lo que tiene Martín, es un ADD”, me confiaba su madre. Encasillar alivia, pero puede convertir lo que es también histórico y situacional en algo que simplemente es . No olvidemos que el sentido que damos a un hecho también pasa a formar parte del mismo.

      La escolaridad de otro niño diagnosticado como “trastorno por déficit de atención con hiperactividad”, (cuyas siglas son ADDH) se había beneficiado con un estimulante. Al tiempo se acentuó su desorganización y requirió, en cambio, un tranquilizante que lo contuvo y permitió un abordaje psicoanalítico.

      La desatención, la impulsividad o la hiperactividad, no son únicamente sinónimos de ADDH. Si así fuera corremos el riesgo desobrediagnosticar . Y además pensar que lo esencial de una experiencia vivencial está regulado por nuestra bioquímica. Robert Castel alertaba sobre la posibilidad de convertirnos en una sociedad psiquiátrica avanzada donde, cual Mundo Feliz , los psicofármacos disuelvan los malestares existenciales. Entonces, ¿no sirven? Claro que sí. Pero cuando la vida urbana va asumiendo un ritmo cocaínico, no debemos reducir la cuestión a un problema psiquiátrico o neurológico. No estamos sólo ante una inadecuación escolar. Hay algo más. Nuestra época seinscribe saturando los cuerpos y demanda modos de ser que puedan “andar a mil”. Y muchos no logran “ponerse las pilas”. El tema excede al psicoanálisis o la pedagogía. Más que casilleros, se requiere una reflexión más vasta sobre las infancias que pueblan nuestro desigual territorio, y sobre quiénes son esos niños de hoy, que no arman configuraciones estables que les permitan apropiarse creativamente de los signos que los invaden.

      La atención es resultado de una curiosidad despertada por un mundointeresante. A la par de intervenir sobre sus síntomas, ¿no deberíamos preguntarnos algo al respecto?

*Publicado en Diario Clarín 24/05/2000