Ni una enfermedad ni un remedio: EL “MAL” LLAMADO ADD

“La mayor distancia entre dos puntos es el tiempo”

Tenesse Williams. El Zoo de cristal

Las escuelas se han poblado, de un modo “epidémico”, de niños que se distraen con facilidad, se muestran desatentos y con dificultades para los aprendizajes formales. Niños inquietos, que presentan reacciones impulsivas y

con dificultades para aceptar normas y reglas. Para muchos esto tiene un nombre, una sigla en verdad, que designa al “trastorno”: ADD. Profesionales, docentes y buena parte de los medios de comunicación lo consideran como problema de aprendizaje y comportamiento que responde a un déficit, de atención, de concentración, de control y, en última instancia, de dopamina.
Un problema que se define como “trastorno” a partir de ciertos parámetros que parecen exteriores al problema mismo. Pero no lo son. La desatención cosificada como déficit y la inquietud tematizada como exceso surgen de un modo de evaluación cuantitativamente grosero que se realiza clasificatoria y muchas veces irresponsablemente a partir de escalas que presentan un margen de error sideral. 

Una hermosa y joven mujer corre a los tropezones por la calle. Se nota que está a la moda y que está apuradísima. Lleva un teléfono celular entre su oído y el hombro, Su brazo izquierdo rodea una bebita cuya cola intenta espolvorear con talco con su mano libre. No se cae pero el riesgo de desparramo es grande y la vereda queda blanca de fécula. Debajo de la foto se lee. Jeans Diesel: Live Fast. 
El tropiezo al que voy a referirme no es el de nuestra acelerada e incontinente heroína publicitaria postmoderna y su bebita, futura saltimbanqui. El primer tropiezo a considerar es el de su antecesora, nuestra subjetividad llamada “moderna”. Esa que es objeto de nostalgia por padres y maestros que esperan que los chicos atiendan a los grandes, que se queden quietos, canten el himno y hagan buena letra.
Subjetividad es la forma de ser y estar en el mundo y es efecto del trato y la significancia que dejan marcas, que se encarnan en los cuerpos y que varían de acuerdo a tradiciones y las épocas.
Es una “construcción más expuesta a los tiempos y dependiente de circunstancias; potencia activa de ser, proceso abierto, movimiento, posibilidad de transformación”, Rafael dixit.1 Y agrega que la organización subjetiva de la psicosexualidad que llamamos aparato psíquico es “permeable a mutaciones históricas cuando estas alcanzan los entramados simbólicos primordiales”.2
El objetivo del psicoanálisis, y más aun en niños, planteado comosubjetivación retoma productivamente la diferencia foucaultiana entre dispositivos productores de subjetividad standarizada y prácticas de subjetivación productoras de singularidad.
La relación subjetividad/clínica nos confronta a veces al fantasma de una dilución de la segunda en la primera. Su conjuro puede partir de evitar la desconexión entre lo singular, irreductible que se presenta en cada situación clínica trabajada y lo particular de la subjetividad epocal. Es que se trata del modo de producción de “un nudo relacional de exterioridad interna”.3 Lacan lo llamó “extimidad”. Un desafío de fuste pues no neutralizaremos a los nuevos “ingenieros del alma” con sanatas sociológicas o filosóficas.
Para la subjetividad moderna la meta era la formación de futuros ciudadanos puesta en manos de la familia y la escuela reguladas éticamente por el estado y tuteladas moralmente por la iglesia
Todos sabemos ya que eso ha cambiado. Hace muchos años Robert Young protagonizaba una serie de gran audiencia televisiva: “Papá lo sabe todo”. Por esa época el cabo Rusty, casi un niño adiestraba y domeñaba a su fiel amigo animal Rin tin tin. Un saber supuesto y el dominio sobre lo irracional a partir de la integración a una estructura jerárquica eran el modo de estructurar relaciones. En la actualidad la figura paterna más popular es Homero Simpson que sabe menos de casi todo que su opinador hijo Bart. Y éste lejos de integrarse a una estructura jerárquica que lo ayude a controlar sus desbordes cuestiona y desnuda las hipocresías y el manojo de intereses que determinan aspectos de su crianza y educación. La palabra paterna pasó de hipertrofiada y solemnizada a devaluada. ¿Por qué prestarle atención?
El linaje, hijo de oficios y de lo que se produce empieza a estar cada vez más ligado a las marcas y a lo que se consume. La desintegración familiar manifiesta por la precariedad habitacional, ocupacional, o las exigencias de la supervivencia velan que hay otras formas de des-integración más sutiles. Algo se ha “roto” en la “química” moderna entre chicos y padres. Algo que no se arregla con la química de los psicofármacos. Las “valencias” que ligaban y enlazaban el hogar nido han mutado. Y aquél se ha convertido en un multi-espacio (cuando hay lugar) donde se intersectan -no necesariamente se comparten- vidas privadas.. Los rituales familiares se ven jaqueados por las solicitudes mediáticas. ¿O cuántas veces que se suele tener que llamar al ritual de la cena a quienes están “ocupados” por el chateo, la televisión o la música?
Por otra parte, en apariencia sigue habiendo escuelas, hay edificios y maestras, pero todo funciona de otra manera. La escuela moderna educaba al soberano futuro, ciudadano que se hará representar. Era una escuela que formaba.(el término alemán bildung marcó ese rasgo) casi “moldeaba” ciudadanos. De ahí instrucción cívica. Ahora la escuela no moldea sino que modula. Reconoce lo necesario del interés activo del educando. Antes se trataba del a-lumno cuyas oscuridades había que iluminar inscribiendo cual si fuera una página en blanco. En su lugar los chicos, hoy, participan. De ahí que la atención y su problemática sea tan importante. Para el moldeado o la inscripción no importa la atención que nos preste la arcilla o la página en blanco. Para una escuela que estimula en la que el docente “negocia” con los saberes previos del niño, sí.
Pero además los chicos, en la sociedad de consumo, pasan a ser usuarios de servicios educativos que más que formar, capacitan para ingresar a un mercado. Para qué entonces el civismo, la historia o incluso la gramática? ¿Para qué estudiar si, según Castoriadis4, hasta los títulos se pueden comprar?
Antes la escuela era fuente única de formación. Ahora se ha convertido casi casi…en una empresa entre otras que provee de habilidades y opiniones para su venta en el mercado laboral..
Si antes se trataba de esperar a ser grande, ahora el consumo no espera. Si se trataba de igualar (guardapolvos mediante) ahora lo importante es “estar primero”.5 Si antes un maestro, aún desconocido, era esperado con respeto por su investidura, en el aula, ahora puede serle necesario ingresar cuerpo a tierra para no ser alcanzado por los proyectiles. Ya no se trata de autoritarismo de las autoridades escolares sino de una anomia que muchas veces impide un clima de mínimo ordenamiento. El saber estructurado, la investidura del maestro (junto con la del estado y del padre), han caído. La norma pasa a tener la categoría de una opinión más. Los chicos señalan, muchas veces con gran lucidez, esa desnudez de las fuentes de autoridad y saber. ¿Cómo crear respeto y, mejor aún, confianza desde ese incómodo lugar?
Si antes la consistencia de la autoridad aplastaba y lo problemático eran los efectos de alienación y represión, ahora predominan los de destitución y fragmentación. Ante esa inconsistencia los chicos se dispersan y se aburren.6 Y actúan. No por rebeldía, por vacío.
Si antes el medio fundamental de educación eran las palabras familiares y escolares hoy ese lugar es compartido cada vez con mayor desventaja por los medios. ”A mí me crió la televisión”, decía Nicolás parafraseando a Bart. El ciudadano en formación tropieza con multitud de objetos y tentaciones que el mercado pone en su camino. Y la paciencia para recorrer aquel sendero parece astillada. La publicidad y los medios entienden que la formación más que una construcción despaciosa es una adquisición que se realiza en cámara rápida pues no es a futuro sino para un presente que se escurre como arena entre los dedos.
Ha tropezado el tiempo moderno entendido como flujo lineal y constante, con intersticios hoy ausentes en los relojes digitales, o con estratos, como la Roma freudiana, ese tiempo que era impulsado por las fuerzas históricas hacia un futuro prodigiosamente abierto. Hoy todo es simultáneo, a la vez. No debería sorprendernos tanto que los niños se dispersen, o peor aún, que lleguen a desorganizarse.
La subjetividad moderna se suponía estratificada y misteriosa. Los saberes universales y particulares quedaban interrogados y se legitimaba una búsqueda, la extracción de una verdad que, acallada, pedía espacio para hablar. Una verdad profunda y singular que significaba algo fundamental para lo que uno es y que por ello causaba conflicto.
Hoy, cuando la intimidad de tan expuesta se ha vuelto “extimidad”, los materiales con que la subjetividad se produce y el aparato psíquico se constituye no son ajenos al “adocenamiento inducido por las estereotipias discursivas y las influencias mediáticas, que domestican las necesidades emocionales de cercanía y sinceridad de igual modo que las apetencias pulsionales.” 7
Nosotros y los niños de hoy más que hacernos la película queremos comprarla hecha y queremos además parecernos a los de la película. Los chicos en particular a los personajes que invaden pantallas y habitaciones. Personajes que no saben, por naturaleza, estar solos. Saber estar solos, habitar no solo en las pupilas de quienes miran, es un logro que diferencia a los niños de los personajes. Que sólo parecen, pero no son. Y hoy cuando la corriente dominante lleva más cerca del parecer y del tener que del ser, el malestar tiende a estructurarse en el campo de la performance física o mental. Del rendimiento, que falla. Y entonces crea ansiedad, o angustia y desencaja. Sobre todo cuando el ideal para crecientes sectores es que los niños sean una especie de normópatas clonados.
Hoy más que una interioridad enigmática que nos interroga lo que acosa es la necesidad de encajar. Y encajar es visibilizarse y visibilizarse es aparentar y consumir. Consumir tiene rango constitucional desde 1994. Ya lo pueden notar en la tapa de vuestros respectivos DNI. Arriba de todo dice Mercosur. Debajo Republica Argentina. Primero consumidores. En el último enfrentamiento por la Copa Davis una publicidad decía: “Ellos suecos, nosotros Topper”.
Ante la falla funcional que la jerga tecnocrática denomina “trastorno”hay cada vez menos lugar para búsquedas o interrogaciones y cada vez hay más técnicas para encajar, para adaptar al molde preestablecido más que para integrar lo diverso y cada vez más las prácticas de cura se encuentran ante una especie de “modorra” para un pensar en profundidad. Cada vez más se ofrecen recursos conductuales, biológicos o genéticos, los neurotransmisores pasan a ser causa general y el fantasma queda olvidado haciendo ruido en el desván. La pastilla pretende suplantar, investida mágicamente, al trabajo de explorar oscuridades y extraneidades para intentar transformarlas sublimatoriamente en belleza.

¿Diagnosticar o clasificar? 
“Aquí mis pasos urden su incalculable laberinto”
Jorge Luis Borges

¡Curiosa epidemia esta del ADD que en lugar de seguir la lógica de las enfermedades parece seguir las de la oferta y la demanda, las del mercado!
Porque habiéndose encontrado un supuesto remedio y estando ésta al alcance de cada vez más gente, en lugar de disminuir su incidencia, ocurre que el ADD aumenta.
La venta de psicofármacos ha aumentado llamativamente en los últimos años. En nuestro país el aumento de venta de psicofármacos para niños es muy intenso y se encuentra liderado por el metilfenidato cuyo consumo se ha cuadriplicado por ejemplo entre 1994 y 1999 8. La cuota establecida para la importación de droga que cada país acuerda con la ONU fue en 2003 23,7 kg. en el 2004 de 40,4 y en el 2005 de 49,5 kg. En el 2007 fue de 82 kg.9. El incremento entre 1994 y 2007 es inmenso.
Por otra parte en EEUU se emitieron un promedio de 30.153 prescripciones mensuales de Ritalina y otros medicamentos de su tipo en todo el 2006. En nuestro país se facturaron alrededor de 150 millones de pesos en 2005, un 5% más que en el 2004
Cuando lo que guía la introducción y difusión de un fármaco sigue las leyes de que a mayor oferta, mayor demanda tienden a pasar estas cosas. Se oferta más Metilfenidato y, curiosamente, hay más ADD. Tenemos entre 50 y 100.000 chicos medicados. Algunos creen que, para ponernos a tono, deberían ser 500.000.
Claro que antes de medicar hay que diagnosticar. Detengámosnos un poco en esto.”Lo esencial es invisible a los ojos”. La frase del Principito podría parecer obvia, pero no lo es. Lo visual predomina nítidamente en nuestra actual cultura de la imagen y el rendimiento. Y es justamente la clasificación de conductas visibles la que genera este “nuevo” “cuadro”, una especie de “combo”, ni estructura, ni síndrome ni enfermedad, que denominamos ADD o ADHD que reúne en un conjunto pretendidamente homogéneo niños con características clínicas diversas que por compartir ciertas conductas visibles sion englobados en una categoría común. Y que en cada caso requieren otro, mas bien “un” diagnóstico. Para ser claro: ni ADD ni ADHD son diagnósticos. Son efectos de una clasificación. Que como en esas combinaciones de “fast-food” siempre se acompañan de algo más. En este caso, en lugar de “salir con fritas”, salen con Ritalina. En el DSM IV R, la “R” parece apuntar cada vez menos al carácter de edición “revisada” del mismo y significar, cada vez más, lisa y llanamente Ritalina. Estamos ante un caso de clasificación “chatarra”. Que, como esa comida, trae consecuencias en el organismo y la vida de los niños.
En nuestras sociedades, fuertemente influenciadas por paradigmas tecnocráticos, se afirma la tendencia de reducir las prácticas sociales complejas como criar, educar, diagnosticar y curar a procedimientos técnicos. Los libros de autoayuda aportan entonces técnicas de crianza, reducen lo complejo e interactivo de la educación a un problema de aprendizaje, el espesor de un proceso diagnóstico se degrada a ingreso en una grilla clasificatoria y la cura a la administración de psicofármacos o técnicas reeducativas.
“La eliminación de las cuestiones prácticas es el núcleo de la conciencia tecnocrática. En esta etapa la política ya no se dedica a la realización de fines prácticos sino a la resolución de cuestiones técnicas”. “Donde había un espacio práctico-político para la discusión, la tecnocracia nos ha legado un problema técnico que ha de ser resuelto”. 10
En la conferencia de Martin Heidegger, La pregunta por la técnica el autor se pregunta por la esencia de la técnica. Es la revolución científica de la edad moderna la que ha comenzado un proyecto que está vigente hoy en día: el del control humano de los fenómenos de la naturaleza. Este proyecto no se agota en una determinada actividad, sino que se constituye en un plano metafísico fundamental. La técnica encubre la esencia de la libertad. Produce el velamiento de las “verdades más originarias” pero, a la vez y paradójicamente, abre la posibilidad de preguntarse por ellas.11
La técnica es “encantadora”. Miles de padres, docentes y profesionales creen que están contribuyendo, a través de la invención del ADD primero y del “dominio” cognitivo-farmacológico luego, al control sobre fenómenos de nuestra “naturaleza”. Considerar de ese modo al constructo de la psicología cognitiva consagrado por la Asociación Americana de Psiquiatría y gustosamente difundida por los laboratorios productores de psicofármacos que es el ADD, lleva insensiblemente a desconocer complejidades y hace derivar el pensamiento de la época a considerar que las múltiples determinaciones de lo humano queden reducidas a los determinantes de su biología. Lugar donde reina la nueva “vedette” de los misterios irresueltos: la genética. Olvidando que las investigaciones plantean que el bebé humano nace “genéticamente programado para ser re-programado”. 12
Rescatemos entonces la complejidad de la situación diagnóstica. En ella convergen dos modos de intervención que se disputan hegemonías: clasificar y diagnosticar. Intervenciones de raigambre diferente que muchas veces se intrincan por lo que requieren deslindes. Clasificar es en rigor una técnica que se guía por lo aparente y agrupa los fenómenos que objetiva en una serie. Lo que pone el acento en la validez de los criterios empleados en la formación de una clase nosográfica. En los últimos años la referencia al DSM IV se ha convertido crecientemente en respaldo clasificatorio y fuente de autoridad. Algo que debería llamar la atención pues lo que inicialmente iba a ser un manual estadístico y descriptivo se ha ido convirtiendo en una especie de esquemático tratado de psicopatología que define diagnósticos y, más aún, etiologías.
Una clasificación se funda en una selección de datos. Subrayo el término pues no hay categorías ni clases naturales, sino construcciones. Es esa selección la que deriva en la construcción de un dato que es un abrochamiento unívoco entre un “hecho” y su significado. Esa objetivación deja de lado que los datos están ordenados desde el imaginario y los discursos científicos (siempre relativos) de cada época. O sea algo es apropiado como dato y convertido en signo de una información que, aparentemente, no requiere desciframiento.
Con el uso, ese “disfraz” de dato -provisto por la “ciencia”- se transparenta e invisibiliza.De acuerdo con esa cientificidad, la teoría debía “dejarse imponer la ley del objeto sin metaforizarlo”.13 Sin embargo, el “lastre” clínico reflejado nunca sigue las leyes del espejo. No hay reflejo sin desciframiento ya que la realidad humana nunca se expone al investi¬gador en bruto, sino cifrada. Por eso, Freud, precavido, se reivindicaba más como investigador que como pensador. El podría haber hecho suya esta frase de Borges: “Yo sé de un laberinto griego que es una línea única, recta. En esa línea se han perdido tantos filósofos, que bien puede perderse un mero detective”. 14
Volvamos. La diferencia entre clasificar y diagnosticar respecto al saber es que la clasificación se detiene en la particularidad. El logro clasificatorio es la inclusión en una serie de la cual cada ejemplar es una parte. Lo dice inmejorablemente Ian McEwan a través de su neurocirujano en Sábado: “El cerebro tiene muchísimas maneras de fallarte. Es complejo, como un coche caro, pero es un producto de fabricación masiva, del que hay seis mil millones circulando”.15 O como dijo la presidenta de la asociación de ADHD de Bilbao, Idoia Logroño (50): “Mi caso es de libro”. 16
El psicoanálisis apunta a acceder, más allá de lo particular del dato objetivable y agrupable y de la serie a una dimensión de singularidad para la cual la clase pertenece al reino de lo imaginario.
No se trata de despegarse de la necesidad de formalizar sino, mas bien, de los modos de hacerlo, de la “pureza” objetiva pretendida y de los alcances que se le da a la conceptualización lograda. Los saberes psicoanalíticos nunca abandonaron la remisión a universales para posibilitar la transmisión de la experiencia analítica, y evitar así que sea una suerte de “mística del hecho”. Esto permite, además el desarrollo de formalizaciones de un saber que se sabe no absoluto, lo que bien puede ser estímulo, y no sólo resignación. La realidad no sólo es un dato, también puede ser un trofeo.

Ciencia y arte

“El artista configura y crea, produce una nueva realidad. El científico conoce la realidad. El artista tiene que habérselas con la configuración, el científico con la verdad’…’La ciencia quiere verdad, pero en ella también está en obra la imaginación, más de lo confesado’… ‘La ciencia quiere descorrer el velo, el arte ama el velo. Pero como el arte está íntimamente familiarizado con la invención, no se le oculta la cantidad de invención y tendencia configuradora que se esconde también en la ciencia. Sin embargo la ciencia no quiere reconocerlo…’ ‘Pero si a la inversa, desde la perspectiva de la ciencia miramos al arte ¿en qué consiste entonces el problema del arte? Consiste en su pretensión de verdad. El arte esconde en la apariencia su pretensión implícita de verdad y la ciencia esconde en la propia pretensión de verdad sus ficciones implícitas.” 17
Esas ficciones implícitas son los disfraces ocultos de los datos. Ocultamos y nos ocultamos que lo que hacemos con los datos esproducirlos y/o leerlos. Y al hacerlo les damos una representación en nuestro sistema de representaciones. La representación que damos a los problemas de atención es que son un “trastorno”. El dato es el signo y lo que en rigor es un problema pasa a ser trastorno que no requiere desciframiento, no requiere ser interpretado o resuelto. De lo que se trata es de adiestrarlo y eliminarlo .18
Esto ocurre desde que fue construido el edificio de la ciencia moderna. Para Lacan el psicoanálisis pudo definir como un sujeto justamente a lo que había quedado excluido de ella. La arquitectura de ese saber escrito sería la trama ciertamente necesaria para que, desde sus grietas e intersticios, otras verdades hablen19
Desde nuestra perspectiva no se trata de información. Una conducta, por repetitiva que sea, no debería ser leída como un automatismo mental. Hacerlo es convertir nuestro pensamiento en simples clisés de la lengua cuando de lo que se trata es de trabajar operando una transformación de las representaciones que estamos acuñando sobre el sufrimiento de los niños de hoy.
En esa objetivación el estar (el padecer por ejemplo) se identifica con el ser. En nuestro caso todo chico que presenta dificultades con su atención, es hiperactivo y/o impulsivo puede ser englobado en la clase de los ADD. Y pasar a “ser” ADD. Sin resto. Etiquetamiento al que se arriba través de métodos clasificatorios como como ejemplo, el “cuestionario de Conners” –que es una serie de preguntas sobre la conducta escolar de los chicos que se suele entregar a los maestros. Este fue puesto a prueba en un reciente trabajo realizado por el Policlínico de Neuquén. Sobre 1.300 alumnos evaluados por su intermedio, nada menos que ¡el 48%!… padecía de ADD.20 Algo está fallando en este método que parece responder al paradigma de la profecía auto cumplida. En un “Juvi” en Hillcrest EEUU una trabajadora social encontró qye habiendo alli 37 jóvenes de muy diversos estilos y colores los 37 tenían diagnóstico de ADD y todos tomaban Ritlina.
La difusión de estos procedimientos a través de los medios y publicidades específicamente orientadas a padres y docentes resulta en una especie “hágalo usted mismo”, un “diagnóstico fácil y de venta libre” que puede realizarse en el aula o la casa, con instrumentos que pueden ingresar fácilmente en la cartera de la dama o el portafolio del docente que no sólo se adelantan sino que reemplazan muchas veces a la consulta pertinente.
Las evidencias que pretenden recoger estos cuestionarios “no son un dato, sino un producto, es decir el resultado de un largo proceso de normalización del pensamiento y la percepción que nos permite concordar en la aceptación de ciertos “hechos” –físicos o psíquicos- como indudables”.21 Nuestras prácticas profesionales no sólo modelan lo que “observamos” sino nuestra propia capacidad de percibir e inteligir.
Ocurre que al fruto clasificatorio deseado como homogéneo no tardó en aparecerle un gusano. Lo llamaron “comorbilidad” (esto es la coexistencia con otros rasgos de otros cuadros de la clasificación) oscila entre un 50 y un 90%. De ellos resulta que entre los chicos clasificados como ADD sólo unos pocos tienen el cuadro “puro”. En la mayor parte de los casos se encuentran asociados rasgos como los trastornos severos de conducta, de ansiedad o de personalidad, la depresión y la supuesta bipolaridad infantil, diferentes y graves dificultades de aprendizaje, diversos grados de desorganización del pensamiento, el lenguaje o el juego, e incluso se ha incluido en la misma categoría a niñas muy tímidas que serían también una de las nuevas formas de expresión del ADD. O sea que el afán clasificatorio en lugar de registrar y discriminar lo diferente engloba lo distinto en la misma clase que en lugar de estallar y ceder su cetro a la diversidad de cuadros que la constituye, queda ampliada y metamorfoseada en una especie de hidra de cien cabezas. Una bolsa de gatos.

Un alivio que oscurece

Según los paradigmas de época las causas habría que buscarlas en lo que se ubica como “sustrato” del ser: la biología. La falta de atención en última instancia no sería más que una falta de dopamina. En este sentidoel empleo de psicofármacos alivia, pero también oscurece. Lo que queda oscurecido es que la “bio-lógica” sobre la que inciden es sólo uno de los determinantes del sufrimiento que se pretende paliar. Los circuitos de sobredeterminacion de los que el psicoanálisis se ocupa requieren mantener la apertura de los síntomas y trastornos al movimiento imaginario y simbólico de las significaciones, un campo mucho más difícil de “entificar” que la bioquímica neuronal.
El nivel bio-psico-farmacológico puede aspirar, como vimos a lo sumo al nivel de la particularidad. Mientras, la experiencia y las significaciones personales pertenecen a dimensiones donde se pone en juego unasingularidad irrepetible. Las moléculas de mis neurotransmisores son iguales a las de ustedes. Mis fantasmas, no. Ni el pensamiento es reductible a la actividad neuronal que le sirve de soporte ni el deseo podría reducirse a una secreción química. Aunque la implique. No es el cerebro el que piensa, piensa el niño.
El énfasis clasificatorio se asienta en aquel supuesto sustrato biológico hasta absolutizarlo. Y cierra la grieta que lo humano ha abierto hace siglos al haber permeabilizado los automatismos orgánicos a la lógica abierta del lenguaje, al azar y la singularidad dejándonos expuestos al desorden eventual y creativo que proviene de la cultura y la época. La desatención es antes falta de investidura del saber detentado por los adultos que de dopamina.
El empleo de psicofármacos no debiera oponerse a abordajes psicoanalíticos o trandisciplinarios. Pero eso es lo que ocurre. Los suplanta. Con las consecuencias de empobrecimiento y simplificación que derivan de una medicalización de la infancia. El criterio que se impone es el de tratar con psicoterapia sólo cuando falla el primer abordaje, la “piedra angular” del tratamiento: el remedio. Algo muy distinto que a criteriosa utilización de psicofármacos, en forma puntual y acotada, “cuando no otro remedio”. Lo que no quiere decir Ritalina. Nunca.
Los laboratorios que los producen, llevados por una lógica mesiánica y una racionalidad mercantil, los proponen (e imponen) como solución excluyente más que como recurso válido. Para tal entidad hace falta tal producto. Su publicidad es descargada de manera seductora sobre los profesionales y se ejerce sobre una población -padres y docentes- cuya aflicción motoriza anhelos de rápidas soluciones para conflictos, fracasos y rechazos. “Para que ser padres sea más fácil: Ritalina” reza un cartel en la ciudad de Los Angeles descubierto por Jaime Thallis: ¡Caramba! ¿no era para ayudar a los niños?
Recién ahora se plantea nítidamente la falta de efecto a largo plazo. Es que ningún medicamento enseña nada. En cuanto a las alternativas, la última moda es el omega 3.

Ni “una” enfermedad ni “un” remedio

“A lo largo de las generaciones, los hombres erigieron la noche”
Jorge Luis Borges

Parece claro a esta altura que el aspecto biológico no constituye el núcleo central del “problema”, sino uno de sus muchos ejes. Dice textualmente Thomas Armstrong: “Sostengo que los docentes no deben considerar el uso de la Ritalina (ni el de otras drogas psicoactivas) como “el primero y más eficaz de los tratamientos” 22
Hemos subrayado que el llamado ADDH, no presenta rasgos que lo conviertan en “una” enfermedad, ni posee, como tal, determinaciones genéticas u orgánicas (lo que no quita la necesidad de todo esto en cada niño desatento). Entonces si consideramos que el “mal” llamado ADD es una agrupación de síntomas, “una bolsa de gatos” efecto de una clasificación. Si esos rasgos pueden aparecer por múltiples causas, ser transitorios y variables en su evolución convendremos que no hay, ni podría haber ni “una” causa ni “un” medicamento, uno sólo para la desatención o la distractibilidad, para la impulsividad, la inquietud, o la hiperactividad .
En caso de requerir un medicamento creo importante considerar como plantea León Benasayag que “nadie aceptaría en la actualidad como tratamiento médico la utilización de una anfetamina. Sin embargo el Metilfenidato que actúa como una anfetamina y produce sus mismos efectos y riesgos de dependencia, es aceptado por numerosos colegas, padres y maestros.” 23
El diario inglés The Guardian publica el 11 de febrero de 2006 una nota donde alerta sobre los riesgos cardiovasculares de los estimulantes. Ha habido 51 muertes entre niños que recibían Ritalina en EEUU desde 1999. En Inglaterra la Agencia Regulatoria MHRA dijo que 9 chicos fallecieron en el Reino Unido sin revelar edades.”Yo querría que las manos de quienes prescriben drogas para niños desatentos o que presentan mal comportamiento tiemblen un poco antes de escribir las recetas”, dice Steven Nissen, cardiólogo de la Cleveland Clinic. 24
Por otra parte en EEUU los casos de Mathew Smith de 14 años que falleció por cardiomegalia relacionada con la Ritalina, Stephanie Hall de 11 años muerte súbita mientras tomaba Ritalina, Shaine Louise Dunkle de 10 años muerte súbita relacionada con el uso de Desipramina, un antidepresivo, Adrian Wade de 12 que se suicidó mientras tomaba Strattera al igual que Leane Bessner de 15 que también se suicida mientras estaba bajo tratamiento con Concerta. No quiero abundar. En la página www.RitalinDeath.com están las historias y las fotos de los chicos. ¿Hace falta correr tantos riesgos?

Tecnopolíticas del nombre

Un problema se define como problema a partir de ciertos parámetros que parecen exteriores al problema mismo. Pero no lo son. La desatención cosificada como déficit y la inquietud tematizada sólo como exceso surgen de un modo de evaluación cuantitativamente grosero que se realiza clasificatoria e irresponsablemente a partir de escalas que, como hemos visto, presentan un margen de error sideral.
¡Tanto esfuerzo por cuantificar para arribar a métodos tan inexactos! Desde Galileo y Descartes el esfuerzo de matematización de las ciencias apuntó a ir más allá del aporte de los datos sensibles. Que engañan.
Todo este movimiento de las ciencias en los inicios de la modernidad fue abriendo una desgarradura en la geografía de los saberes que estaba destinada a ampliarse poco a poco. Saberes que aún cuando tomaran como objeto casos individuales evitaban el escollo principal de las ciencias humanas: la cualidad. En nombre de la individualidad se extravía la singularidad. Porque cuando la individualidad es objetivada a través del incremento de distancia del observador la singularidad se pierde ya que ésta sólo se pone en juego en situaciones de implicación. En nuestra práctica, en transferencia.
Actualmente asistimos al predominio acrítico de técnicas de clasificación, re-educación o re-programación que recurren con demasiada facilidad a los psicofármacos y con temeridad al empleo de estimulantes como el Metilfenidato u otros medicamentos derivados de las anfetaminas. “En Medicina dos más dos puede ser cualquier cosa, incluso cuatro me enseñaron en la Facultad”. Para muchos, en cambio, ahora la ecuación parece ser ADHD x DSM IV “R”= R +R
El pensamiento no se empobrece sólo cuando es silenciado. También cuando sus herramientas predominantes provienen “de la garganta del hábito, del dogma y del prejuicio”.26 Esa voz de la costumbre es la que aplana y hace aparecer como nuevas a soluciones que ensombrecen lo que deberían contribuir a iluminar.
Desde Aristóteles el ser se predica de distintas maneras. También sus causas y sus efectos. Y sus comienzos. Volvamos entonces, antes de despedirnos, a los “orígenes”. A los inicios de la curiosidad humana. A Adán y Eva en clave humorísticamente tecnocrática:
“Me acerqué a la planta perenne de tronco leñoso y elevado que se ramifica a mayor o menor altura del suelo y estiré la parte de mi cuerpo de bípeda implume que va de la muñeca a la extremidad de los dedos para recoger el órgano comestible de la planta que contiene las semillas y nace del ovario dela flor.
El reptil, generalmente de gran tamaño me alentó en mi acción dificultosa que se acomete con resolución. Luego insté al macho de la especie de los mamíferos bimanos del orden de los primates dotado de razón y de lenguaje articulado a que comiera del órgano de la planta. El aceptó mi propuesta con cierto sentimiento experimentado a causa de algo que agrada. Pocas cosas tienen nombre, por ahora. A esto que hicimos creo que lo van a denominar pecado. Si nos dejaran elegir sabríamos llamarlo de mil maneras más encantadoras”. 27
Muchas cosas tienen nombre ahora. Y muchas tienen remedio. Muchas veces, como ocurre con el ADD el nombre las signa. Podemosresignarnos. Y clasificarlas, y tomar pastillitas. O podemos re-signarlas. De otra manera. No sólo más encantadora. También más verdadera.

Paz, Rafael: Cuestiones Disputadas. Bs. As. 2008 Capitulo 4-
2 Idem
Idem
Castoriadis, C: El avance de la Insignificancia. Eudeba. Bs.As 1999
Publicidad de telefonía celular
Corea,C. Y Lewkowicz,I: Pedagogia del aburrido. Paidos, Bs. As. 2004
Paz, Rafael: Cuestiones Disputadas. Biebel. Bs.As. 2008
Index Market Surveillance, (1994-1999)/7-
Diario Página 12 del 17/10/06
10 Vasen, Federico: El debate acerca de la tecnología en la Escuela de Frankfurt: una exploración de sus perspectivas latinoamericanas. Trabajo presentado en las XVII Jornadas de Epistemología e Historia de la Ciencia, La Falda, Córdoba, 9 al 11 de noviembre de 2006.
11 Pongo pensar entre comillas siguiendo la oposición heiddegeriana entre un pensar abierto y un razonar calculador. Ver Heidegger, M. (1962). Die Technik und die Kehre. Pfullingen, Neske.
12 Manzano,J. Revue Francaise de Psychanalise 71 Numero 2 2007
13 Assoun, P.L.: Freud, la filosofía…op.cit.
14 Borges, J.L.: La muerte y la brújula. Bs.As. Emecé 1996
15 Ian Mc Ewan: Sábado: Bs. As. Anagrama 2005
16 Reportaje en Telenueve.
17 Rudiger Safransky: Nietzsche. Biografía de su pensamiento. Tusquets. 2001
18 Alejandro Jerusalinsky,: Gotitas y comprimidos para niños sin historia. En Diagnósticos en la Infancia. Coord.. Untoiglich.G: Bs.As. Noveduc 2005
19Jacques Lacan.: Ciencia y Verdad. Escritos.Ed.Siglo XXI Bs.As. 1980
20 Carlos Wahren: Congreso Argentino de Pediatría. Córdoba. Publicado en el diario Clarín 05/10/2006
21
 Silvia Rivera: “La producción del conocimiento se inicia no con evidencias sino con decisiones”. En DDA, ADD, ADHA, como ustedes quieran. Op. Cit
22 Thomas Armstrong: Op. Cit
23 Leon Benasayag: Reportaje realizado por el Dr. Juan Vasen. Documento del Ministerio de Educación.
24 Diario The Guardian. Londres 11/02/2006
25 Carlo Guinzburg: Op.Cit.
26 Santiago Kovadloff: La palabra en el abismo. Poesía y silencio. La Nación 23/03/2007
27 Luisa Valenzuela: “Principio de la especie”: En Brevs. Microrelatos. Córdoba. Alción. 2004

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