Neo-Mocosos y Psicopolítica

NEO-MOCOSOS Y PSICOPOLÍTICA (*)
Dr. Juan Vasen

“La publicidad constituye una especie de sistema filosófico.
Lo explica todo en sus propios términos. Interpreta al mundo”.
John Berger

Podría parecer tendencioso poner a las políticas neoliberales en el centro de una discusión sobre problemáticas de la subjetividad. ¿Acaso no es la subjetividad un núcleo propio e interno que está a cierto resguardo de las influencias políticas? ¿No es forzado profanar y politizar lo íntimo de esta manera?

Si nos detenemos a mirar y escuchar a los chicos y adolescentes cercanos veremos que no. Que tal vez tenia razón Nietzsche cuando decía que lo intimo era un repliegue de la exterioridad (1), de una intimidad vuelta espectáculo como plantea Paula Sibilia (2), o de lo que podríamos considerar con Lacan, ex-timidad. (3)

Porque cada vez se hace más evidente que los chicos de hoy no son como los de antes, (y nos invade la nostalgia por un pasado idealizado). Los cambios de época que repercuten sobre la familia, los roles parentales, las costumbres y las identidades nos ponen ante la necesidad de re-pensar la niñez.

Algo que se convierte en una urgencia si pretendemos enfrentar la objetivación empobrecedora que progresivamente se adueña del campo del sufrimiento infantil colonizándolo con nuevas “palabras maestras” y nuevas etiquetas que, cual fetiches nos hechizan. Estos nuevos modos de clasificar, el DSM en primer lugar, supuestamente a-teóricos y neutros, podrían permitir, si los considerásemos válidos, insuflar a nuestras prácticas, tan conjeturales ellas, de la convincente certeza de que es en el cerebro donde radican las estructuras subyacentes a los síntomas de los chicos, y en los genes donde se localizan las causas. Y con toda coherencia entonces podríamos concluir que es en los fármacos y las modificaciones de hábitos conductuales donde afincan las esperanzas de resolución

Con gran afinidad con el nítido predominio de lo visual en nuestra actual cultura de la imagen y el rendimiento, es justamente la clasificación de conductas visibles la que brinda entidad y carta de ciudadanía psiquiátrica a muchos de los “nuevos cuadros” con que se categoriza la sintomatología de la infancia. Una clasificación encabezada por el mal llamado ADD o ADHD, por los antes mal entendidos Trastornos Generalizados del Desarrollo, hoy mal llamados Trastornos del Espectro Autista, por los descontextualizados Trastornos Oposicionistas y por ese afanoso y frágil constructo que es el Trastorno Bipolar Infantil. Estamos ante un caso de clasificación “chatarra”, que, como esa comida, trae consecuencias en el organismo y la vida de los niños. En nombre de una supuesta neutralidad científica se oculta que esta aproximación incolora es una verdadera psico-política
Pero las luces que se encienden sobre estos nombres rutilantes dejan en las sombras la posibilidad de pensar no sólo en los cuadros que se presentan sino en que su presentación es sintomática de otras determinaciones e influencias.   Queda así en la oscuridad toda la mutación sociocultural que el auge, expansivo en los noventa y más acotado ahora, de los modos neoliberales de producción de bienes y lazos sociales ha producido en todos y especialmente en los chicos de hoy.

Chicos que antes eran pensados como ciudadanos de un porvenir auspicioso por padres relativamente integrados a un tejido social homogéneo con roles generacionales bastante diferenciados y algunas certezas y valores que se creían firmes. Hoy, muy poco tiempo después, estamos lejos de esa situación que conllevaba ciertas seguridades al precio de esquematismos, solemnizaciones y acartonamientos. La situación es otra. La simetrización niño / adulto la dificultad de constituirse en guías y transmisores de experiencias vitales, la imposibilidad de filtrar estímulos en lo que antes era vivido como un “Hogar -Nido”, el arrinconamiento del ciudadano por la figura cada vez más precoz del consumidor, la existencia de una fractura social que llevará aún muchos años paliar, los efectos aún persistentes de precarización familiar y laboral, el terror a la exclusión, los ritmos acelerados de la vida urbana que marchan al compás de un marcapasos casi “cocaínico” motorizado por la predominancia de los ciclos del capital financiero sobre el productivo generan angustia, desorientación y nostalgia en padres y maestros y dificultades en los chicos.  Dificultades que pasan a ser categorizadas bajo el nombre de ¨trastornos¨, como disfunciones a reparar más que como problemáticas que comprender y abordar multidimensionalmente.

 De la obediencia a la dependencia sin experiencia
“Pienso lo que me piensa, existo”
Ignacio Lewkowicz

Como subraya Ricardo Rodulfo hay tendencias que presionan sobre las infancias y/ o ¨les abren espacios para el advenir de una experiencia propia”.(4)  Entre esas tendencias que promueven la generación de subjetividad infantil que en otro momento llamé ´Post- Mocositos¨ (5) y a los fines de este escrito podría llamar ¨Neo -Mocosos¨ está lo que Byung-Chul Han llama ¨la explotación de la libertad¨. (6)

En el pasaje del capitalismo nacional e industrial al neoliberalismo financiero se han transformado los modos de generar subjetividades y dominaciones. El poder en las sociedades disciplinarias del capitalismo clásico consiste en entornos e instalaciones territorializadas como la familia y el hogar, la escuela, la fábrica, el hospital y, más allá, el cuartel y la cárcel. Se creaba un sistema cerrado de vasos comunicantes por los que circulaban ( y aún lo hacen ) las figuras del hijo, el alumno, el operario, el paciente, el soldado y el recluso.

Al cambiar las formas de producción y distribución de bienes y riquezas el régimen bio-político disciplinario es parcialmente sustituido por formas de control menos centradas en la sujeción a lugares y reglas locales, y menos centradas en los cuerpos, (de allí el prefijo bio) pues los bienes se desmaterializan , y los flujos y redes suplantan los espacios fijos y acotados.

El control disciplinario administra los cuerpos y promueve una gestión calculadora de la vida. Las disciplinas son métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo garantizan la sujeción contante de sus fuerzas e imponen una relación de docilidad y utilidad, Crean al sujeto obediente.  El neo-liberalismo, en cambio, mas que obedientes crea (o se propone crear) subjetividades dependientes. Dependencia de los nuevos linajes como las marcas y las tecnologías que brindan pertenencias, albergan, seducen mas de lo que reprimen y que no niega ni someten la libertad sino que la explotan. Ya no es la coerción del Super Yo del alumno futuro ciudadano sino el Yo-ideal del consumidor impaciente. Mas que un ciudadano activo, rebelde y partícipe en alguna transformación que le asigne un rol protagónico en alguna medida la dependencia (veamos a los chicos y padres con las tablets y celulares por ejemplo) crea espectadores y usuarios. Que sufrirían un síndrome de abstinencia si fueran privados de ellas.
Si antes el Big Brother dominaba panópticamente los espacios pero no podía acceder a la recóndita rebeldía escondida en repliegues inaccesibles, ahora la seudo transparencia de una intimidad expuesta y vuelta ex.-timidad, el secreto revelado públicamente a voces en los medios que vuelven la intimidad espectáculo llevan a un proceso de des-interiorización y de estandarización subjetiva de acuerdo a cánones y normas. Ya no hace falta controlar los cuerpos si podemos escanear con eficacia las almas.

La ideología neo liberal de la optimización personal desarrolla caracteres religiosos. Pero en lugar de buscar pecados se buscan pensamientos negativos que traban el funcionamiento aceitado. Cual pastores los managers, coachs y entrenadores motivacionales predican el nuevo evangelio del rendimiento y la optimización sin limites. Sólo goza!
Volvamos entonces a la experiencia. Experimentar es etimológicamente salir del propio perímetro. Una subjetividad no se deja someter totalmente al imperio de la positividad pues la negatividad confronta y conflictúa pero, por eso mismo, motoriza desarrollos y devenires. El conflicto y aún el dolor son constitutivos de la experiencia. ¨Una vida que consistiera únicamente en emociones positivas o vivencias óptimas no sería humana¨.(6) Surfear es el término que emplea Mayol para describir una vida ¨neo-liberal¨sin obstáculos.(7) Se soslaya de este modo que la violencia de la negatividad es tan destructiva como la violencia de la positividad. Ni los chicos ni nosotros somos máquinas de rendir y sonreír.

El sujeto del régimen neo-liberal se entusiasma sin medir costos con el imperativo de la optimización personal, vale decir con la coacción de generar continuamente más rendimiento. La curación tecnocrática neo-liberal de los trastornos es un asesinato de la experiencia con otros en nombre de una vivencia de armonía y felicidad consumista
La producción actual no se encamina ya a superar resistencias corporales sino más bien busca optimizar los procesos psíquicos y mentales. El disciplinamiento corporal ha dejado su lugar a la optimización mental .Hemos pasado del bio poder foucaultiano a una suerte de psico-poder con sus psicotécnicas
No sólo el aprendizaje y la experiencia requieren una duración, también el sentimiento. A diferencia de la expresión o expulsión de un afecto que puede ser fugaz, instantánea y sin demora, la expresión de un sentimiento requiere tiempo y es un estado, no un momento.

Justamente la angustia surge ante la alteridad de la experiencia, como sentimiento que lleva a la introspección y el desciframiento pero hoy cede su lugar al burn-out de quien no funciona, de quien se ha trastornado, fundido, quemado. La angustia como estado potencia la pregunta. El burn-out reclama reparación urgente y eliminación de un síntoma devenido, cada vez más, trastorno bioquímico.
La empresa norteamericana Acxiom especialistas en manejo de datos (¨Big Data¨) ¨promete una visión de 360 grados sobre sus clientes¨. (8) Es con esos datos que Chris Anderson propone: ¨la revolución de los datos nos esta proporcionando caminos formidables para la comprensión del presente y del pasado¨´.(9)
Los tests y las múltiples escalas, los diagnósticos devenidos clasificaciones y degradados a contraseñas numéricas (del Autismo al TEA y de allí al código 300.3) responden a esta lógica.
“Adiós a toda teoría del comportamiento humano, desde la lingüística hasta la sociología. Olvida la taxonomía, la ontología y la psicología. ¿Quién sabe porqué la gente hace lo que hace? La cuestión es que lo hace y que podemos seguirlo y medirlo con una fidelidad sin precedentes. Con suficientes datos los números hablan por sí mismos”. (10) Son cifras. No requieren ser descifradas.

Con una claridad que enceguece a fuerza de encender luces el neoliberalismo con el DSM como mascarón de proa genera una nueva barbarie de los datos, un nuevo y potente mito barnizado por lenguaje científico. Un empobrecimiento literal de los matices y una nueva epidemia de nombres impropios.(11) Ni asomo de salir del propio perímetro.

 

Incoloro: lo literal y lo metafórico
“Según su intuición matemática, los conceptos verdaderos
eran objetos reales, y no formas del pensamiento” 
R. Piglia. El camino de Ida

En el muy inteligente prólogo de un libro con un, paradójicamente, muy poco inteligente título: Todo sobre autismo, Mercedes Belinchón dice: ¨Es un reto profesional enorme porque la atención de personas con autismo y sus familiares que exige de los profesionales responsables entre otras cosas competencias personales no universales (por ejemplo alta empatía y sensibilidad, mucha flexibilidad, actitudes positivas frente a la vida) estrategias de relación muy particulares, (por ejemplo poco intuitivas) y conocimientos científico técnicos muy amplios¨.(12) Experiencia que le dicen.

Con una lucidez admirable Mercedes plantea que desde hace ya bastante tiempo tenemos paradigmas y conceptos que poblaron el trabajo con autistas de términos tales como ¨mentalización¨, ¨función ejecutiva¨, ¨coherencia central¨. Pero, la autora agrega, en una suerte de confesión con infrecuente honestidad intelectual: ¨Nos faltan buenas y nuevas metáforas (o por lo menos a mí me faltan)…¨(13) Porque cada paradigma entendido como conjunto de supuestos compartidos y prácticas reconocidas que por un tiempo proporcionan modelos de preguntas y soluciones a una comunidad científica, suele asociarse y explicarse a través de metáforas. Su ausencia, el empobrecimiento de giros lingüísticos, nos está hablando de un empobrecimiento de los abordajes.

Es decir que, a la par de observar y analizar la literalidad como un rasgo limitante del discurso del autista vendría bien que consideremos nuestras muy limitantes literalidades, que muchas veces nos impiden des-cifrar.
Conceptos y metáforas son los cristales que nos permiten ver y asir con nombres lo que ocurre. Los conceptos que se pretenden asépticos e incoloros están teñidos de metáforas que colorean pero también nos hacen correr riesgos cuando asumen una función explicativa. Pensemos tan sólo en el concepto-metáfora de ¨espectro¨. No por nada Wittgenstein alertaba: “La filosofía es un combate contra el hechizo de nuestro entendimiento por los recursos del lenguaje”.(14)

El conductismo y el cognitivismo actuales no carecen de metáforas. Viven de ellas aunque lo desconozcan. Lo que ocurre es que son pobres, no son ¨buenas¨ como reclama Melinchón, con justeza. Los modelos mecánicos neo-pavlovianos conductistas que solían emplear están matizados por metáforas como robots y autómatas de los últimos siglos que fueron sofisticándose a medida que la cibernética avanza a través del software de las computadoras: ahora es el ciber-niño autómata al que hay que adiestrar y re-programar.

Ocurre que las metáforas han sido ¨elevadas¨ a la categoría de modelos explicativos isomórficos y, tal como plantea nuestro epígrafe de Piglia, la ¨intuición matemática, los conceptos verdaderos¨ comenzaron a ser considerados como si fueran ¨objetos reales, y no formas del pensamiento¨. Para estas perspectivas el problema es que el modelo capturó en sus redes al objeto de estudio, el ente fagocitó al ser de la cosa. Y, al creer que eran la cosa en sí y no un modelo, terminaron a su servicio y no al revés. Y, entonces, podríamos llegar a creer que es posible lograr esa re-programación de los autistas y, por qué no, de la infancia. Sólo habría que encontrar el chip adecuado. Y ponerles las pilas.

El mapa pasó no sólo a representar sino a ser el territorio. Y las intervenciones requieren de otra cosa. No hay mapa que enseñe a viajar dice Fito Páez. Viajar es entrar en resonancia, en conexión con el paisaje, es zambullirnos en él. No sólo calcular distancias o medir alturas.   Lo que ocurre con esta objetivación que deja de lado, por ejemplo, que el problema principal es de vínculos y de tiempo, no de presencia o ausencia de lenguaje. En todo caso la pobreza simbólica revela que no ha habido condiciones para una feliz apropiación de la lengua. Condiciones que también establecen los lazos que entraman al niño en un lugar determinado de la familia y la época, y no solamente la indemnidad de su morfología cerebral o la proliferación de sus circuitos neuro-químicos. No serán entonces sólo entrenamientos los que remuevan los obstáculos, serán vínculos que permitan fertilizar lo que aparece como un desierto.

Es Murakami quien nos trae un cuadro sugestivo:
“De pronto se dio cuenta que dentro de sí, en el centro, había algo duro y frío, era como un terrón de tierra y estaba tan helado que no se derretía por más que transcurrieran los años. Eso era lo que le provocaba ahogo y dolor en el pecho…En adelante debía esforzarse por derretir poco a poco ese núcleo helado. Le llevaría tiempo. Pero era lo que tenía que hacer. Para derretir ese terrón congelado necesitaba el calor de otra persona. No bastaba con el calor de su cuerpo”.(15)

No es un autista quien lo dice pero el relato pone el acento en que, para acercarse al autismo, pensémoslo por un rato a través de la metáfora de ese núcleo helado, hay que poner el cuerpo. Un cuerpo real en la contención y el interjuego y un cuerpo metafórico que permita jugar con ese mismo, pero ya otro, cuerpo. Un encuentro que permita una apropiación.

Lo que “es”
“Como las palabras, las apariencias pueden leerse también,
y entre las apariencias el rostro humano constituye uno de los textos más largos”.
John Berger
No hay duda de que un buen diagnóstico alivia muchas incertidumbres y puede aclarar las ilógicas lógicas que subtienden una situación sufriente. Pero oscurece cuando descarrila y queda reducido a una técnica clasificatoria que tiende a convertir lo histórico y situacional en algo que simplemente es. Esta tendencia tecnocrática a objetivar suele recortar un existente, desgajándolo de la trama de relaciones en que surge.

Y lo que se gana en tiempo —que nunca es suficiente— se pierde en complejidad. Entonces la claridad enceguece y el sujeto deviene así el lugar de un mero trastorno. El padecimiento se borra rápido, muy rápido, en favor de un nombre que queda inscripto. Y la inmediatez de lo que alivia difumina la permanencia de lo que, encasillando, se inscribe en su nombre. Y entonces no deja ya advenir aquello que el saber no sabe.

La aproximación tecnocrática llega hasta la dimensión de lo particular. Esta particularidad es la meta de las clasificaciones y de los psicofármacos. Pero es necesario contemplar algo más: una singularidad que rompe la serie, que es más que la individualización aplicable de una técnica estandarizada. La tendencia homogeneizante, que hace del diagnóstico una técnica destinada a incluir cada caso en una serie, lleva insensiblemente a desconocer lógicas y singularidades, y nos pone en riesgo de convertirnos en los nuevos ingenieros del alma. Olvidando muchas veces que el cerebro tiene una enorme complejidad funcional interconectada. Las neuronas no son Rastis en miniatura.
Por eso esta cruzada bio-genetista cruza cuestiones científicas, pseudocientíficas y éticas pues plantea los síntomas individuales o fenómenos sociales cada vez menos como problema a resolver, es decir pasibles de lectura e interpretación, y cada vez más como trastornos a eliminar.

Un modo de pensar centrado en lo visible como fuente clasificatoria, que arma categorías conformadas por una enumeración, in-coordinadas de factores y trastornos, guiado por consideraciones cuantitativas que ubican lo problemático en términos de déficit, que se alía a la noción de trastorno abandonando la riqueza de una lectura que entiende el síntoma como producción, que busca su plano explicativo último en lo orgánico, ese modo de “pensar” desemboca, “naturalmente” en abordajes simplificadores, re-educativos apoyados muchas veces en una utilización acrítica de psicofármacos.

Nuestra perspectiva es pensar los problemas y los abordajes menos desde la perspectiva de las formas debidas que desde las formas de vida. Lo debido apunta a una funcionalización adaptativa a generar habilidades para una mejor inserción. La otra alternativa nos plantea algo más cercano a la producción que ancla en las singularidades de cada quien. No desdeña lo adaptativo. No se trata de desconocer los determinantes y concomitantes biológicos. Pero no como causa y menos única. Mantenerse en ese nivel es acceder a la dimensión de lo particular. Se podrá llegar a ¨ser parte¨ pero, si ese aprendizaje no ancla en la singularidad, todo movimiento quedará vacío del deseo que podría animarlo. Y lograremos entonces tan sólo una frágil adaptación espectral. No una apropiación situacional. Esa que arma un “nosotros”.

Y el primer nosotros no se arma por decreto. Se arma al compartir una fantasía común entre chicos que comparten un juego. Una fantasía libidinalmente coloreada. Ese nosotros requiere de un yo que se organiza apropiándose. No por maduración espontánea o desarrollo predeterminado. Ni sólo por entrenamiento, por intensivo que sea.
Despatologizar, re nombrar

…Estamos aquí para decir, compréndelo, para decir así,
como las cosas mismas nunca en su intimidad pensaron ser¨ Rilke Elegía IX
Un acontecimiento pone en pausa un funcionamiento regido endógenamente y pone en juego un afuera, representa rupturas y discontinuidades y abre nuevos espacios de experiencia. Escapa a todo cálculo y predicción. No es un desarrollo, es un devenir.

Por acontecimiento entiende Foucault “la inversión de una correlación de fuerzas, el derrocamiento de un poder , la modificación d una lengua y su uso hasta el momento por los otros hablantes” (16)
En él se habla de repente otra lengua. Abre una fisura en la certeza dominante hasta el momento al invocar una constelación totalmente diferente del ser. Los acontecimientos son vueltas en las que se produce un vuelco, una caída del dominio. Un acontecimiento deja encontrar en su lugar algo que faltaba en el estado anterior.
La psico-politica neoliberal representada en las sucesivas ediciones de los manuales DSM cree que sólo hay datos “naturales”, no una construcción social de lo relevante, que no hay nada por des-cifrar. Reflexionar sobre el presente y porvenir de la infancia intentando evitar los atajos biologizantes o medicamentosos que se aproximan más a una ¨cosmética del comportamiento¨ que a un uso criterioso de psicofármacos en chicos; buscar alternativas tanto a las practicas de re-programación sin comprensión , como a las de exclusión diferenciadora no configuran un pequeño desafío. El arte de la vida como praxis de la libertad tiene que adoptar la forma de una despatologización. Vacíar al sujeto de nombres impropios permite que quede libre para esas formas de vida que, probablemente, todavía, no tienen nombre.

BIBLIOGRAFÍA
1-Safransky, R. Nietzsche. Biografía de su pensamiento. Barcelona: Tusquets.
2-Sibilia, P: La intimidad como espectáculo. Alianza. Bs,As, 2007
3-Lacan,J : Seminario 7 . La Etica del Psicoanálisis. Bs. As. Paidos 1998
4-Rodulfo, R: De poadres e hijos. Bs.As. Paidos 2012
5-Vasen, J: ¿Post-Mocositos? Lugar Editorial. Bs. As. 2000
5-Byung-Chul, H: Psicopolítica. Herder. Bs.As. 2015
6-Csikszentmihalhy, M; Fluir una psicología de la felicidad. Kayros. Barcelona. 1997
7-Mayol, A: El derrumbe del modelo. LOM. Santiago de Chile. 2013
8-Byung-Chul, H: Op. Cit
9-Anderson, C: Wired Magazine. NY. 16/7/2008
10- Idem
11- Vasen, J: Una Epidemia de Nombres Impropios. Noveduc. B.As. 2013
12-Belinchon,M. Todo sobre el Autismo. Prólogo. Alfaomega. Madrid. 2013
13-Idem
14-Murakami, H. Los años de peregrinación del chico sin color. Tusquets. Bs.As. 2013
15- Wittgnestein,L: Philosophische Untersuchungen (1953). En E. Laurent, La Batalla del Autismo. Buenos Aires: Grama.-
16-Foucault, M: Etica, estética y hermenéutica. Volumen III. Paidós. Bs.As.1999

(*) Artículo publicado en la Revista “Actualidad Psicológica”.  Año 2015.