DEL INVENTO A LA HERRAMIENTA

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Editorial: Polemos
Año Pub.: 1996
Páginas: 238

APORTES PSICOANALÍTICOS

1- Los psicoanalistas y las Instituciones públicas.Bastante más que cobre:

La integración de psicoanalistas a instituciones públicas de Salud Mental hace ineludible aproximarnos a tema de la responsabilidad -o mejor dicho, responsabilidades- que emergen de dicha instalación (no siempre dichosa.).

Responsabilidades que del lado institucional flaquean por varios lados. Como mínimo por el de los nombramientos y las remuneraciones.

Lo que a veces degrada el trabajo en beneficencia. O bien, transformadas las instituciones en lugares de formación, se disfraza el trabajo de aprendizaje. Y no se lo remunera.(1)

Aún en estas condiciones -por cuya transformación vale la pena pelear- tenemos responsabilidades que emergen de nuestro posicionamiento ético.

Entre otras incluyo el intentar una comprensión de los determinantes que operan sobre nuestra práctica en ellas. El capítulo sobre las corrientes de la vida institucional intenta aportar algunos elementos al respecto.

En los hospitales suelen faltar muchas cosas. El peor efecto es que falten ideas.

Es que nos encontramos con una inadecuación de vieja data: el encargo custodial-segregativo o funcionalizante que pesa sobre nuestras instituciones

Ellas hacen las veces de “tenedores para tomar la sopa”. Impregnadas del caldo social, son incapaces de contener -no digo retener- su sustancia.

Se nos hace muy difícil desde allí afrontar las viejas y nuevas demandas que una escucha abierta permite atisbar.

Y no es este un pequeño obstáculo si consideramos que no son los desarrollos internos del psicoanálisis los que generan la extensión de su campo. Son mas bien esas demandas provenientes del campo social lo que dinamiza -en caso de ser escuchadas- nuevas prácticas. Estas se legitiman a posteriori desde el psicoanálisis, A veces desde desarrollos teóricos, otras tan sólo por el hecho de ser llevadas adelante por psicoanalistas. (2)

El hecho de que las instituciones preexistan al arribo de los “psi” a elas puede ser planteado como una suerte de destino ineluctable.

Se trataría de trabajar en los resquicios. O bien, intentando afinar mejor nuestro instrumento, situarnos de otros modos frente a lo que un colega definiera hace algunos años como “una clínica infrecuente “.(3) Una clínica que posiblemente se acompañe de modos infrecuentes de posicionamiento, de intervención y de transferencia.

¿Es responsabilidad de los analistas que forman parte de las instituciones públicas abrir espacios de escucha para quienes allí acuden?

Indudablemente que sí.

Contamos para ello con un instrumento que fundado en el respeto por lo que un semejante pueda decir, sin aplanar contradicciones ni sinsentidos.

Y posibilitar el mayor despliegue simbólico posible de singularidades que sólo tras una lenta exploración por sus márgenes de libertad y sus verdades subjetivas podrán articular su particularidad a los discursos y prácticas del conjunto.

¿Se agotan en ésto sus responsabilidades?

Esta y otras experiencias me han hecho pensar que no.

No es infrecuente escuchar que el analista transporta el modelo de la prác|tica privada a las instituciones.

Así dicho, pareciera que el análisis ingresa a las instituciones desde una supuesta extraterritorialidad.

Y en un nivel, puede que ésto sea cierto. El analista no atiende en tal o cual geografía. Atiende en la transferencia .(4)

Aún así, se trata muchas veces más de punto de llegada que de uno de partida.

La práctica privada también es una institución con sus reglas y sus espacios.

Las instituciones públicas son otra, u otras. Algo hemos dicho y mucho mas podría decirse de estas diferencias. Por ahora subrayo que existen. Y que no sería ético ignorarlas.

Por eso, cabe a los analistas, aún atendiendo en la transferencia, otras responsabilidades y posibilidades diferenciadas en ellas. Señalo sólo algunas.

1-Abrir su escucha a la institución y su entorno, perfeccionando las lecturas sobre una clínica que incluye a la institución donde trabaja.

2- Como consecuencia podrá detectar y delimitar situaciones problemáticas para las que podrá diseñar prácticas que aún enraizadas en el psicoanálisis pueden ser diferentes del modo y encuadre habitual en que éste se sostiene.

3- Por ende, le cabe la responsabilidad de formar parte de equipos con colegas de diferentes disciplinas y ámbitos. Todo un aprendizaje.

En 1918, en Budapest, Freud imaginaba el futuro del psicoanálisis partiendo de sus límites: “Nada podemos hacer en favor de vastas capas populares cuyo sufrimiento neurótico es enormemente mas grave”. Y agregaba: ”se crearán entonces sanatorios o lugares de consulta a los que se asignarán médicos de formación psicoanalítica, quienes aplicando el análisis volverán más capaces de resistencia y más productivos a los hombres que de otro modo se entregarían a la bebida, a las mujeres que corren el peligro de caer quebrantadas bajo la carga de las privaciones, a niños a quienes sólo les aguarda la opción entre el embrutecimiento y la neurosis . Estos tratamientos serán gratuitos. Puede pasar mucho tiempo antes de que el Estado sienta como obligatorios esos deberes”.

“Y es también probable que en la aplicación de nuestra terapia a las masas, nos veamos precisados a alear el oro mas puro del psicoanálisis con el cobre de la sugestión directa y quizás el influjo hipnótico vuelva a hallar cabida, como ha ocurrido nen el tratamiento de los neuróticos de guerra. Pero cualquiera sea la forma futura de esta psicoterapia para el pueblo y no importa que elementos la constituyan finalmente, no cabe duda de que sus ingredientes más importantes seguirán siendo los que ella tome del psicoanálisis riguroso, ajeno a todo partidismo”. (5) (Resaltados del autor J.V.)

Hoy, casi 90 años más tarde podemos seguir sacando nuevos brillos al oro del psicoanálisis. Es un metal noble y es agradable verse reflejado en su superficie.

Pero, no tenemos solamente el cobre de la sugestión directa para intentar nuevas aleaciones. Hay elementos de otras disciplinas para alear a los mejores ingredientes del psicoanálisis.

Quienes encaramos esta experiencia hemos tenido que hacer un poco de alquimia. Y pensamos que de esas combinaciones pueden salir metales valiosos, maleables y consistentes. Que no son un plomo

2- El zoo-lógico espacio para una re-socialización:

– Pero, papá, si Dios no existe ¿Quién hizo al mundo?

-Tonto, dijo el obrero cabizbajo, casi en secreto, tonto.

Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles

E. Galeano

El Programa nació con la intención de crear un espacio intermedio entre el adentro institucional y un afuera que pocas veces ofrece posibilidades de anclaje.

Mucho más, en el caso de niños y adolescentes que por la complejidad de sus problemáticas personales, familiares, por el desamparo social o la marginación cultural encuentran serias dificultades para integrarse a un medio que pueda garantizar mínimamente su constitución, desarrollo y los aprendizajes necesarios para el despliegue de sus potencialidades.

Medio que en algún momento contribuyó a segregarlos como “cuerpos extraños”.

Se trató de encontrar nuevas maneras y nuevos espacios para facilitar un proceso que ocurre a destiempo.

Porque las primeras marcas de la cultura se imprimen habitualmete sobre ese territorio extraordinariamente fértil que es un recién nacido.

Un proceso de constitución subjetiva que involucra componentes de diversos registros de experiencia y transforma una cría humana en un ser parlante, escindido y deseante (en el mejor de los casos).

Pasaje de lo genérico a la singularidad y de la biología al cuerpo erógeno que es mediado por otros, seres de trato y significancia.

A esos procesos nos referimos cuando hablamos de socialización.

Plantearnos la re- socialización nos confronta con la necesidad de posibilitar una especie de segunda vuelta ante las limitaciones o fracasos de la primera.

Lo que nos suele confrontar con seres en cierto modo “desangelados”. Como si el material hubiera fraguado para recibir nuevas marcas y ecos.

Vislumbramos que el Zoo ofrecía un escenario donde las dimensiones simbólicas se abrían a re-significaciones , donde lo imaginario podía resituarse sobre nuevos soportes y donde lo real quedaba metaforizado y ubicado del otro lado de cercos y alambradas.

Un escenario ritmado por una temporalidad diferente de la lentitud del tedio institucional o la velocidad despersonalizante de un mundo “macdonaldizado”.(6)

Un escenario que posibilita pasar de ser objeto de cuidados a ser sujeto de una praxis sobre otros (animales) a partir de lo aprehendido de otros (cuidadores).

Un escenario capaz de ser receptor de las múltiples transferencias que esta segunda vuelta convoca.

3- Las transferencias

Pórtese bien. Sea animal.

Cartel.Zoo

Habitualmente nos pensamos analistas sólo en tanto somos tomados como

parte central de un campo transferencial organizado en el mejor de los casos desde el deseo y de las expectativas positivas y sublimadas que nos suponen un saber sobre el padecimiento. Desde allí, señalamientos, interpretaciones, intervenciones lúdicas permiten que algo de lo inconciente y de la sexualidad infantil puesto en juego se actualice, organice o re-organice y simbolice.

En casos muy serios cuando los lazos sociales no se han establecido o se han recortado o distorsionado dramáticamente, es muchas veces un analista que partiendo de revolcones o zarandeos, de emisiones cuasi guturales y gritos, o incluso desde el incómodo lugar de ser victimizado por el magma pulsional quien apuesta a que en ese espacio potencialmente transformador un nuevo ligamen que, uniendo también discrimine y diferencie, pueda advenir.

Desde el Programa, nos hace falta que esa transferencia exista entre cada niño o jóven que se acerca a nosotros y el analista que lo atiende. Nos hace falta -y lo notamos sobre todo cuando no está – pues el zoo es un lugar pleno de exigencias y experiencias muchas veces conmocionantes, que sin duda enriquecen el material de análisis, pero hacen de la cotidianeidad en él un lugar no sólo placentero sino también conflictivo.

Saber que ése, a quien estamos no sólo enseñando o acompañando sino limitando o sancionando porque transgrede nuestras pautas y rituales, porque no colabora con sus pares, o por lo que fuera… cuenta con otro espacio donde podrá eventualmente elaborar lo que con nosotros le ocurra es francamente tranquilizador.

Pero en el espacio del Zoo se despliegan otras formas de transferencia . Veamos sus características. Las pensaremos con nuestro método. Fuera de nuestros encuadres.

Lo primero a subrayar es que en el zoo no es en relación a un analista que ese lazo se plasma, sino a través y alrededor de esa dimensión extranjera y no disciplinaria que conforman los cuidadores del Zoo por un lado y los animales por otro.

En el espacio integrador del Zoo lo valioso y genérico de una trans­misión se anuda a la singularidad de la curiosidad infantil despertada. Y el anhelo de trascendencia que el niño aprendiz dibuja en el horizonte de un cuidador posibilita que él también quiera que le pregunten, lo miren, lo escuchen y lo sitúen en un lugar de saber -a él, no a nosotros- donde se abre una interrogación compartida sobre lo que un animal pueda querer, expresar o necesitar, donde se aprende a tomarle el tiempo y a intentar descifrar sus enigmáticos lenguajes.

Allí intervenimos -lo que no quiere decir que interpretemos- para que ese lazo concretamente excéntrico a nosotros se despliegue y consolide. Acotando despistes, reencauzando desbordes, potenciando simbolizaciones que en el marco de los análisis individuales -que propiciamos para cada participante y por fuera del programa- tal vez encuentren nuevos eslabonamientos.

En esta lectura de lo que ocurre entre otros, es donde sitúo uno de los aportes específicos que desde el psicoanalisis podemos hacer a esta experiencia

Hacerla a través del prisma de la transferencia nos ha hecho partir de preguntarnos ¿Sobre que recae la libido retirada de los objetos originarios?

¿Cuáles son los puntos de llegada y que movimientos subjetivos determinan o posibilitan?

a) En primer lugar recortamos como objeto los uniformes .

Entendemos que soportan una dimensión predominantemente imaginaria de la transferencia que está ligada justamente a la uniformidad. A la masa, que en este caso queda representada por los compañeros, los pares.

En esa dimensión se juega la transmisión de un oficio. La transmisión de “esto se hace así”. Donde subrayo lo impersonal en favor del acompasamiento la internalización de un gesto, una actitud, un movimiento corporal.

Esos uniformes se pueden prestar, intercambiar, e incluso robar -lo que da testimonio de su valor libidinal y fantasmático-. Uniformes que homogeinizan y hacen que quienes los llevan se sientan parte de un lugar que los resig­nifica como útiles en lugar de inútiles, como capaces en lugar de lo contra­rio.

Dimensión que se pierde en la marginación de la pobreza, en el hoyo de la desesperación o el extravío del delirio.

La potencialidad de un imaginario que a veces desanudado se ha vuelto enemigo

puede hallar soportes aquí para nuevos enlaces que favorezcan el retorno del exilio de quienes muchas veces sienten haber dejado de formar parte del conjunto de semejantes.

b) En segundo lugar podemos ubicar las credenciales con los nombres que cada chico usa sobre el uniforme.

Una dimensión singularizante, simbólica, que representa lo que no puede ser intercambiado, lo que está en el interior de esos uniformes. Fueron los chicos quienes propusieron su uso. Probablemente no fue ajeno a este impulso el estímulo que significa que los animales del zoo están altamente particularizados. La mayoría tiene nombre y son reconocidos por rasgos peculia­res.

Asimismo la firma que cada uno estampa en nuestro cuaderno diario como ritual a la hora de entrada marca quien está presente en este presente del zoo.

Esta dimensión se anuda de otra manera a la transmisión. Ahora se trata de que tal cuidador, elegido por el aprendiz, le enseña a él, o ella, no a otro, tomandole los tiempos, aprovechando sus habilidades personales.

Desde el chico la elección del cuidador tiene relación con lo que le supone que sabe, y fundamentalmente con lo que él quiere saber, trasladando los enigmas y marcas de su sexualidad infantil a ese campo sublimado del oficio.

En este punto su sexualidad entra en contradicción con la masa. “El amor se hace así”, puede ser un modo enunciativo de intentar transmitir un saber . Pero resulta obviamente insuficiente por la singu­laridad de lo que se juega en un plano como este.(7)

Desde el cuidador lo que se juega es un deseo de trascendencia, ligado a la filiación . “Para mí es como, lo trato como un hijo”. Aspecto esencial de esta “sociedad” que si bien es de responsabilidad limitada, nunca es anónima.

Sociedad que posibilita en esta segunda vuelta una hendidura donde el hacer falta permite una re-umbilicación simbólica.

Es en relación al saber del cuidador que nos fue posible definir re-socialización como un proceso de transmisión de saberes y secretos de un oficio.

Secretos a los que sólo se accede si la curiosidad ligada a la sexualidad infantil es despertada del lado del aprendiz.

Entendemos que jugar, aprender y trabajar son los medios sobre los que esa transmisión se vehiculiza.

Esos soportes suponen diferentes procesos de apropiación del bagaje en juego. Y diferentes grupos de chicos que participan de su uso.

Los mas pequeños, o los mas dañados en sus posibilidades simbólicas, concurren a jugar a ser cuidadores. Fantasía y deseo -invertido el apuntalamiento originario- sostienen la posibilidad de algún rendimiento. Otros, mas grandes aprenden. Otros, mas “cancheros” ya, trabajan.

c) En tercer lugar hay un cuerpo, un cuerpo animal.

Un cuerpo que metaforiza en esa naturaleza lo que hay de exceso -o de déficit en algunos autismos- en la propia.

Un cuerpo -real- que será descifrado en sus necesidades sin lengua por una sensibilidad avivada por los saberes transmitidos, y que deberá ser pautado por las reglas que el cautiverio le impone también a través de los aprendices .

Dimensión de dominio de lo pulsional, en esos otros radicalmente distintos como son quienes estan del otro lado de cercos y alambradas, a la que es posible acercarse solamente con el bagaje recibido de los cuidadores. La comida cuidadosamente cortada modula la voracidad insaciable del animal para quien fue preparada.

Entonces, comprendimos porqué el pato que aterrorizaba a un Diego solitario era mucho mas feroz y peligroso a sus ojos que los halcones y águilas que entrenaba ‚ él mismo con Enrique.

Dominio sobre lo propio que también involucra cambios de metas y fines. Si un sentimiento se despierta en los aspirantes a cuidadores es la ternura .

Uno de los chicos preguntaba mientras llevábamos al veterinario a un pichón de cigueña caído accidentalmente del nido:-“¿Lo sabrá el papá?”

Ese cuerpo es imaginado, construído a partir por ejemplo del estudio las huellas , (realizan moldes de yeso sobre las pisadas). Tarea que realizan con los biólogos. Tarea de imaginarización de un cuerpo como unidad partiendo de indicios.

Como dice F.Rella : “Quizás la idea misma de narración , (distinta del encantamiento, del conjuro y de la invocación) nace por primera vez en una sociedad de cazadores, de la experiencia de descifrar las huellas”.(8)

Es que, además:“ Los hombres siempre han pretendido hacer hablar nuestras lenguas a mirlos, cotorras, monos y delfines. Sin embargo, hasta ahora se ha fracasado en enseñarles a mentir. De todos los espejos conocidos, los animales son los únicos espejos que no mienten” (9)

M .Eanes sugiere que “las fábulas fueron escritas para decir lo que no se podía decir en épocas de tiranos ”(Citado en 9)

Parafraseando a Galeano, los animales dirían entonces. “Detrás de las rejas, estamos ustedes” . (10)

Tal vez éstos sean los fundamento de la facilitación del contacto con ciertas verdades subjetivas que el Zoo promueve. Eludiendo al Superyó eludiendo el encierro “terapéutico”, mediatizando la exigencia pulsional, sensibilizándose a demandas mudas y a indicios enigmáticos. No es poco trabajo.

d) Finalmente están los cuidadores .

No en tanto Alvarez o Rodolfo, sino en tanto ya cuidadores. En tanto llegaron a esa representación meta, pues no olvidemos que se ha partido de la espectativa de poder aprender a ser, jugar a ser o llegar a ser un cuidador. Meta sobre la que tanto nos estamos preguntan­do actualmente ante lo difícil de lograr contratos efectivos.

Los cuidadores son buscados en tanto personas y en tanto representantes institucionales. Johnny no va a ver a Nelly o Roberto a su casa, sino a la entrada del Zoo, aún ahora, a varios meses de haberse ido del Programa.

Dimensión que se liga al Ideal del Yo , que dice lo que se espera, pero que -en éstos casos- también espera. Y protege, y “prohija” y promueve una praxis en alto grado artesanal, no seriada, que en tanto transforma al sujeto que es su agente abre posibilidades desalienantes en un recorrido que tiene algo de aventura iniciática y también mucho de visita guiada.

En la Alta Edad Media, la profusión de emblemas e insignias era un modo de transmitir a la masa de siervos iletrados cuál era su lugar frente a su Señor, y frente al Señor de su Señor y así sucesivamente hasta llegar al Rey y a Dios.

La masa comprendía este orden a través de un imaginario social dogmático. Si algún insolente se atrevía a preguntar por este orden de cosas, la respuesta última era:”Porque Dios lo quiere así. Ustedes sigan trabajando”. Lacan recuerda estas cuestiones en su Seminario sobre la Etica.(11)

Nosotros rescatamos además esa otra dimensión no alienada del trabajo. Una dimensión de asimilación, no de incorporación iletrada, superyoica. Una apropiación metabolizande del bagaje histórico ligado a un oficio. Bagaje transmisible y asimilable cuando se juega algo de ambos lados. Deseo de aprender y deseo de trascender.

Sabemos lo difícil de este rescate de lo artesanal en una época postindustrial, donde predomina una homogeneización del trabajo humano como mero valor de cambio . Y cuando la desocupación o el terror a ella degradan las insignias paternas que por siglos asociaron apellidos (en especial sajones) a oficios.

Además de la dimensión del cuidado tierno – materna podemos decir- el Programa propone una propuesta de re-socialización que se vehiculiza bajo la forma de una re-totemización.

Decía Freud: “El totemismo es un sistema que en algunos pueblos primitivos reemplazaba a la religión y constituye la base de la organización social .”(12)

El tótem, primera forma de sustitución del padre fue posible cuando sobrevinieron modificaciones esenciales en la actitud respecto al padre y quizás también respecto al animal. En el Programa es un modo de reelaborar ausencias o violencias reparando puntos de anclaje precariamente constituídos..

Si la infancia surge de lo infantil reprimido a través de las mediaciones creadas para que, acotando lo incestuoso pueda abrirse algún curso al deseo, desde este programa cumplimos entonces con aproximar posibilidades sublimato­rias a la oralidad en el aprendizaje, a la analidad en el dominio instrumental a la erotización en la ternura. Desde ese lugar donde hacen falta se abren posibilidades inéditas de pasar a un nuevo modo de significar, significarse e identificarse.

Como psi­coanalistas en este Programa, no sólo asistimos sino que intervenimos -lo que no quiere decir que interpretemos- desde atrás de las bambalinas para que otra escena, una de infancia, hasta ahora en muchos casos tan sólo virtual, pueda hacerse, allí, posible.

Si el Programa tiene un mérito, éste ha sido, en mi opinión, el de situar -al comienzo sólo intuitivamente- ese espacio vacío de una transmisión hecha inaccesible para quienes la anhelaban. A él se anudaron deseos de trascendencia . Y se favoreció una inscripción social diferente, resignificada. Que permite despliegues creativos en planos de reconocimiento compartidos.

Ante ese vacío que el consumismo no llena y las religiones sólo palian, cuando no extravían, vale la pena recordar las palabras que el Profesor le dirige al alelado Axel (protagonista de “Viaje al centro de la Tierra”): “Mira, y mira bien, hay que tomar lecciones de abismo”.

Bibliografia capitulo 11

(1) J. Vasen: “ Los psicoanalistas y las instituciones de Salud Mental” Revista Salud Problema y Debate N° 2

(2) E.Galende. El Psicoanálisis y las intervenciones comunitarias. Revista Z.Erógena N°7

(3) M. Calvano. Palabras en la Apertura del Primer Congreso de Prácticas Institucionales con niños y adolescentes. Organizado por el Hospital C.T.García. F. Medicina 1992

(4) J.Fukelman.Presentación en el Hospital C.T.García.

(5)S.Freud. Nuevos caminos de la terapia analítica. OC EAmorrortu T.XVII

(6) S.Pourthé. Trabajo sobre el Programa realizado durante la pasantía clínica de la Cátedra “Escenarios de lo Cotidiano”.

(7) J.Fukelman. Reunión en el Zoo con el equipo Año 1995

(8)C.Guizburg. Señales. Raíces de un paradigma indiciario

En “El descrédito de la Razón “.Ed.S. XXI.

(9) J.Jinkis. ¿Porqué los animales? Conjetural N°1

(10) E.Galeano. “Crónica de Chiapas” Página 12 11/8/96

(10)J.Lacan Sem. VII La Etica. E.Paidós

(11)S.Freud Tótem y tabú. OC E.Amorrortu T XIII