ESPEJO ANIMAL: reflejos de lo “otro”

Ateneo Hospital Tobar García. Septiembre 2000 Dr. Juan Vasen

1-EL PROGRAMA:

“Cuidar-Cuidando” ofrece a un niño o un joven espacios de aprendizaje bajo la orientación de un cuidador del Zoológico. Escenarios, colores y rugidos serán la materia prima de este aprendizaje integrador. Con él, se tratará de descifrar, alimentar, cuidar y contactar a esos otros que están del otro lado de barrotes y cristales mediante el saber surgido de esa nueva sociedad. Que tiene responsabilidades limitadas pero no es anónima. En el zoo los chicos y jóvenes no son “pacientes”. Formalmente hablando, no son objeto de ningún quehacer terapéutico. Son sujetos de una práctica que se funda en el rescate de su curiosidad y de sus posibilidad de establecer nuevos modos de lazo social. Para ello concurren una o dos mañanas semanales, visten uniformes de cuidadores y firman su cuaderno de entradas y salidas. Evaluamos su ingreso y sus capacidades para asignarles un puesto del que irán responsabilizándose paulatinamente. Luego de un tiempo, y de acuerdo a sus rendimientos, pueden acceder a una beca. El recorrido incluye además la relación más simétrica con los pares con quienes comparten vestuarios, almuerzos y a veces salidas. Esta presentación pretende dar cuenta de dos de esos recorridos del lado de las instituciones que han ido tomando contacto con Juan y con Pablo a lo largo de sus accidentados despertares puberales. El propósito es reflexionar sobre la modalidad de nuestras respuestas y maneras de implicarnos. Cuando digo instituciones me refiero al Hospital y al Programa. Tal vez sea discutible ubicar al Programa como institución. En rigor no poseemos todos los atributos requeridos para titularnos de ese modo. Por ejemplo poder de decisión sobre todos los aspectos del funcionamiento, debido a nuestra dependencia del hospital. Tampoco tenemos autonomía económica o financiera. Sin embargo, somos una institución si por tal entendemos un dispositivo social capaz de proponer y eventualmente promover, capaz de contener, sostener y acompañar la instalación de un modo de lazo social particular. Si “por sus frutos los conoceréis”, el Programa sin duda tiene efectos instituyentes y a veces constituyentes. Entiendo que las instituciones no son estructuralmente homogéneas. Su heterogeneidad es -para mí- análoga a la de las “corrientes de la vida anímica” del H. de los Lobos. Lo que en ellas puede reconocerse son diferentes corrientes de la vida institucional (1). La asilar, la más retrógrada pero remanente, está fielmente representada por el comentario de un niño a un periodista que lo entrevista en 1986 durante su internación: “-Lo peor es cuando no hacemos nada” Una “Nada” que se parece a aquella de la Historia sin fin. Más que ausencia, presencia, ineludible, intrusiva, promotora de actuaciones riesgosas y estériles. Una segunda corriente, tecnocrática, queda insuperablemente representada por el graffitti que desde una pared del Servicio de Internación denunciaba hace años:

“-En este lugar, todo encuentro casual, es una entrevista”.

Cada una de estas corrientes remite a diferentes cacarterizaciones de lo que es salud, y fundamenta un conjunto de prácticas consecuentes con él. Nosotros intentamos inscribir nuestra experiencia entre las corrrientes alternativas en Salud Mental. Por eso partimos de un paradigma de integración, que suele ser siempre ruidosa. No de uno asilar de acallamiento y orden, o de otros fundados en el recorte tecnocrático de una problemática. No adherimos al silencio de los órganos ni al silencio de las máquinas. A través del Programa incorporamos el Zoo al campo de la salud mental. No pretendemos con ello anexarlo a nuestros dominios. En tal caso dejaría de ser un afuera, y el proceso allí desplegado quedaría entonces teñido de ortopedia. Y como “resocializar no es domesticar” (2) se torna esencial que la experiencia transcurra en un espacio público, no en uno doméstico. Se movilizan entonces otros reconocimientos y otras significaciones. El campo de la resocialización, reinserción o reintegración social nos excede como disciplina. La consistencia de nuestra praxis en él depende dos factores. Por un lado de nuestra capacidad de potenciar la producción inter-disciplinas. Por otro, de la manera en que entremos en contacto con esa dimensión no-disciplinaria constituída de diferentes maneras por los cuidadores y, por supuesto, por los animales. Es por eso que el Programa no necesita de una “disciplina piloto”. Los uniformes y credenciales son para los chicos. Tema esencial en relación al saber: nosotros recortamos espacios y relaciones. Subrayamos la importancia del trabajo, de cuidadores y animales, de uniformes y credenciales. De la significaciones ligadas al reconocimiento. De los cuerpos animales como metáforas de lo pulsional. O la importancia del cuadro clínico. Pero, quiero ser claro, ésto no agota lo que ocurre en el Zoológico. Lo dispuesto deja lugar para lo aleatorio y lo impredecible. No somos los únicos dueños de los cuerpos, los tiempos o los saberes. Una mañana contemplé asombrado cómo el electricista iba al encuentro de uno de los chicos. Lo vió venir, se detuvo, dejó en el suelo su cajón y sus herrramientas, se sacó los guantes y le estrechó la diestra. No fue un encuentro “de oficio”. Tampoco una entrevista. La integración se funda en rendimientos escolares o laborales socialmente aceptables y crecientemente competitivos. En este fin post-idustrial del siglo XX la exclusión vuelve a predominar sobre la inclusión. Y la competitividad parece ser el único modo de lograr esa integración. Desde el Zoo intentamos que la aproximación a los rendimientos necesarios se realice sin que resulten completamente extrañados del deseo que podría animarlos. Actualmente concurren al Programa 35 aprendices. De ellos 7 están becados. En los siete años participaron en él unos 130 jóvenes.

2-EL PROGRAMA, JUAN, Y LA KRYPTONITA:

Los padres de Juan (6/10/78) consultaron en abril de 1992 derivados por el Dr. Barrera del Htal “P. de Elizalde”. La madre concurre a varias entrevistas antes de poder convencer a su hijo de venir. A los 13 años, en el inicio de su secundaria, estaba retraído y disgustado con compañeros y profesores. El año anterior había tenido muchas peleas. Rompía sillas, no hacía la tarea. Y no quiso participar del viaje de fin de curso. Parecía triste, aún cuando a veces lo escuchaban reirse sólo, en su pieza. En las entrevistas con la Lic. Sarno Juan sonreía todo el tiempo, moviendo rítmicamente la cabeza. Por momentos parecía alucinar. Dibujaba personajes rodeados de números. Las cosas se complicaron más. De no salir en los recreos pasó a no querer salir de la cama. De nada valía que sus compañeros lo vinieran a buscar. Pasaba semanas sin bañarse, comiendo y tomando mucho líquido. Y con insomnio. Sorpresivamente Juan borró su nombre del documento. Y lo sustituyó por Clark Kent. Un nuevo y más radical cambio, pues hasta los 8 años tuvo el apellido materno. Se disfrazaba de Batman o de Superman. La madre era su enemiga y el padre, el “Pinguino”. Juan se mete de lleno en estos personajes, pero no logra huir de sí mismo.. En la HC figuran como diagnósticos presuntivos que se barajaron a partir de esas entrevistas iniciales: Bulimia Nerviosa y Esquizofenia Subcrónica. El diagnostico del Servicio de internación fue: Sindrome de Despersonalización

María es una mujer que suele solicitar siempre más medicación para su hijo. Ella creyó que las primeras manchas en los calzoncillos de Juan eran producto de que se había sonado la nariz en ellos. Pero comentó que tenía muy desarrollado el pene. Juan dice que es agresivo con ella porque cuando era chico lo dejaba mucho tiempo sólo en la guardería. Felipe es mozo. Trabaja día y noche y parece que siempre llega tarde… Juan lo apoda “la gorda”. Le ha dicho que se ponga una pollerita. Se lleva muy mal con él. Hasta los seis años el padre era muy agresivo con Juan. María dice que su esposo es una momia, una persona enferma. El padrino se hace cargo de sus gastos escolares. La maestra de 6° decía que Juan es inteligente.

3-EN EL ZOO

Juan se recupera y egresa el 16/11/92 . Ya tenía 14. Le proponen ingresar al taller de bolsas de residuos. El quiere trabajar, y lo hace muy bien. Pero también, cobrar. Por eso dura poco allí. Pide venir al Zoo y trabajar en economato, embolsando galletitas en compañía de otros chicos. Es eficiente. A los 6 meses, en Julio del 93 recibe una beca por su trabajo. Está orgulloso. Sin embargo, algo le impide estar bien. A veces se juntan demasiados chicos en economato. No tenemos donde ponerlos. Y se tornan un poquito autómatas. La música los mece. Se indiferencian. Algo de la guardería retorna. Pese a todas nuestras prevenciones debemos reconocer que no supimos impedir la construción un espacio con características asilares en el Zoo. Y, para Juan, el primer asilo fue la guardería. ¡Y nosotros creíamos estar vacunados….! • Reaccionamos. Pensamos, supervisamos y propusimos a Juan que recorra junto con otro chico, Agustín, el camino de las galletitas. Y que pasara a venderlas.

En Agosto Juan sufre alucinaciones. El tema es ahora el “Hombre araña”. Ceden con la medicación. En Diciembre 93 se incorpora también a la Granja, y compra un TV en cuotas para su dormitorio.. Pero no está bien. Se retrae. Deja de venir “por razones personales”: dice que no quiere estar con chicos enfermos. Durante el año 94 concurre a controles de medicación con el Dr. Contín. En marzo del 95 se pone nuevamente agresivo. En un momento de excitación se provoca una herida en la mano derecha. Recibe un punto de sutura y una internación de dos meses. Lo atiende ahora el Dr. Ardindegui. A él le cuenta que su gato mascota está por morir. Y se interesa por la vida de las serpientes. Dice que su problema más serio es no tener amigos. Y que es “baboso” con las mujeres. En septiembre le proponen volver al Zoo. No está convencido. “Se gana muy poco” . Cuando llega nos dice: “Estoy todo el día tirado en la cama”. Juan concurre a dos sesiones semanales y a controles psicofarmacológicos. Al tiempo su terapeuta nos comenta que encuentra en él rasgos de cronicidad que no parecen fáciles de revertir. Da como ejemplo su incoercible necesidad de fumar. Juan dice que se siente feliz cuando tiene plata y con mucha bronca cuando le falta. Se siente perseguido cuando viaja en colectivo. Desde mediados de ese año tiene entrevistas con la Dra. Lascano. El diagnóstico final que figura en la HC es 295.3. Otra vez los números. Desgraciadamente no se trata de la sigla de una FM. En septiembre se inicia la derivación a otra institución, en el Ameghino, la demora es de un año, entonces el Alvear. Finalmente no hubo otro que el Borda.

4-OTRA VEZ AL ZOO:

• Nos propone de de entrada volver a economato y a su beca. Y al colegio en el 96. Agrega, “me gustaría estar con gente” • Soledad evalua sus posibilidades de trabajar en un kiosco. Algo así como economato más público. Colabora con la vendedora levantando y ordenando los paquetes de galletitas. Pone carteles, ordena un determinado número de bolsitas, Atiende al público con buenos modales. Vende y cobra. Se lo ve entusiasmado. Intercambia comida con la encargada, ella le convida de su “tupper” y él la sorprende comprándole un helado. Pero no todas son rosas. Juan no cumple los horarios. Interrumpe el ritmo de trabajo para fumar. En febrero 96, después de varios meses, discute con Karina, la empleada. Dice que es muy metida. Se insultan .

• Vuelve, a su pedido, a economato con Agustín. En el colegio le va bien el primer trimestre, no así el segundo y en el tercero abandona.(Colegio B Rivadavia) • A esto se agrega su inclusión en un equipo de trabajo coordinado por una bióloga que se ocupa de despejar un área de la isla. Además comparte con Javier una tarea de pintura. Se lleva bien con Javier, que está mas a la par de él que Agustín, y tampoco lo manda. Comienza a pedir permiso para fumar dado el riesgo que supone trabajar con material inflamable. Paradójicamente en la isla se aísla menos. Hasta nosotros nos entusiasmamos. • Pero el proyecto de la isla queda sin efecto y otra vez vuelve a economato. Pero ahora comparte su tiempo con otras tareas. Su actividad se desorganiza un poco y él también. • En marzo 97 es medicado en el Hospital. Recibe 30 mg de Halopidol diarios. Está mucho más descuidado en lo personal. Desde ese borde es derivado al Borda. • Va a trabajar con el “Capitán” a bordo del nuevo catamarán. Nuestra propuesta no lo convence. El hombre es bastante curioso y preguntón. Juan se cae al agua y decide que es suficiente para él. Esto pone sobre el tapete que no está usando anteojos pese a su severa miopía. Lo que lo expone a riesgos. • En conjunto diseñamos un nuevo proyecto -ahora terrestre-para que no se nos caiga: el cuidado de una nueva plaza. Es responsable de su mantenimiento y de la limpieza de los juegos infantiles. Realiza la tarea con su acompañante. A la vez comienza a ser atendido en el Borda por la Lic. Aubone. La Dra. España le disminuye la medicación. • Sigue pidiendo su beca. Su acompañante sugiere:¿Porqué no con un cuidador?. Como los otros. Como equipo acordamos con él un mayor compromiso con las pautas del trabajo. No recibirá beca hasta que su desempeño no sea autónomo y pueda hacerse cargo de organizar su trabajo. El asume el compromiso de trabajar sólo, último paso para alcanzarla. • Ultimo round, el 8°. Juan va a la pajarera. Bajo las indicaciones de un cuidador. Se ocupa de la limpieza y preparación de dietas. Sólo. Tiene un buen manejo de las herramientas y capacidad de resolver situaciones concretas. En otras falla su confianza y seguridad, reclama respuestas de su acompañante, no puede organizar una secuencia de tareas. El ritmo de su trabajo es lento y varía con la concentración. Aun no desarrolla hábitos de trabajo. Comenzó a usar anteojos luego de caerse al agua desde el barco. Los rompió. Su mamá se niega a reponérselos Una vez que los recupera, se los olvida. La semana pasada cobró por primera vez su beca. Y se cortó un dedo. No fue grave. “Qué querés, soy chicato”, dice.

Los movimientos que aquí sintetizados parecen un ping-pong de lugares y tareas fueron sin duda para Juan productores de experiencia. Y el resultado, desde nosotros, de discusiones y vaivenes. De un lado, el ya basta, ya no hay dónde. O con qué. Del otro la apuesta.¿Miope? Realidad es lo que se me resiste decía Max Weber. ¿Cómo llamar a lo que resiste e insiste en Juan? ¿Cronicidad?

Fuente de la imagen: Flickr