EFECTO ANIMAL

Lo que aquí se narra son los efectos del contacto con animales a lo largo de uno o más años por parte de chicos y jóvenes (cuyos nombres han sido cambiados) que se desempeñan como aprendices de granjero (los más chicos) o de cuidador (los adolescentes). En todos los casos han sido derivados por sus terapeutas y hemos tomado en cuenta sus gustos y preferencias. Venir al zoo es una propuesta, nunca una imposición.

Los más pequeños juegan a que son granjeros a partir de las sugerencias de los cuidadores responsables del lugar. El eje de su praxis es una conexión lúdica con los animales que favorece, trancisionalmente, una conexión lúdica con sus pares. Los mayores asumen responsabilidades sobre animales y zonas de trabajo, y la vinculación más fuerte es con el saber que el cuidador transmite. Los animales son mas bien intermediarios y si bien lo lúdico impregna su quehacer ellos ya no vienen a jugar, vienen a aprender un oficio.

Juegan y cuidando se cuidan al cuidar en el otro lo más propio de ellos.

Hasta el año y medio el desarrollo es Manuel es recordado como normal. Decía sus primeras palabras y parecía interesado en lo que ocurría a su alrededor. Una gastroenteritis banal fue el inicio de un encierro progresivo. Se “apagó”. Se fue replegando hasta dejar de hablar, incluso de comer. Salió de ese pozo pero se convirtio en un niño especial que tenía habitos de independencia como lavarse y buscar comida de la heladera pero que, a la vez, deambulaba sin poder hablar y sin saber que hacer. En el Jardín no se relacionaba con otros chicos excepto cuando lo tomaban de la mano (una compañerita) y el se dejaba llevar. Entendía las consigna de sus maestras pero por momentos le daba por morderse la mano o agarrarse el pito y frotárselo masturbatoriamente. Fue incorporado a un Hospital de Día 1 donde le diagnosticaron un Trastorno Generalizado del desarrollo no especificado. Mas adelante fue catalogado como Autismo moderado. Allí inició un tratamiento y fue medicado con dosis pequeñas de un antipsicótico por un neurólogo. Ambas cosas lo ayudaron a organizarse. Tenía cinco años. Un año más tarde comenzó a ir a equinoterapia 2 pues le gustaban mucho los caballos y sorprendió a todos con el equilibrio que lograba arriba la montura. Su mayor dificultad como jinete era la falta de atención. Se ensimismaba o dispersaba balanceado por el animal..

A los siete años se incorporó a la actividad de los lunes de Cuidar-Cuidando. Al comienzo básicamente deambulaba se escapaba de la granja, pero lentamente perdió el miedo, ingresó en los corrales y alimenta a patos y conejos. Un fotógrafo del zoo que lo vió al inicio y un año después registró un cambio muy importante en su actitud y conexión. Nos comentó: -”Ahora mira”. Su terapeuta cuenta que desde que viene al zoo intenta silabear, juega con “ecos” y maneja mucho mejor su cuerpo y su fuerza. Un día dejó su modo imperturbable para ponerse a llorar a raíz de haberse mojado los pies. Si seguimos con la metáfora troyana, quizás apareció su “talón de Aquiles”.

Su mamá nos relata que antes “clasificaba” a unos animalitos de juguete, los golpeaba o sacudía y punto. Desde que viene a la granja juega con ellos. Arma escenas, los hace emitir sonidos y comunicarse entre sí. “Se lo siente más cariñoso y presta más atención cuando le hablo”. “El espacio del programa lo ayuda a formarse como persona, a interactuar con los demás y a vincularse con el medio ambiente”.

Antes tenía pánico a la tortuga,y si alguna vez sintió que “tenía un perro sobre él”, ahora tiene un perro sobre el que aprendió a fijar la mirada. Esta organización de su campo escópico le permitió otro logro, aprender a andar en bicicleta, cosa que antes no lograba pues no prestaba atención a recorridos y obstáculos y terminaba en el piso. A su vez la “bici” amplió sus espacios de socialización con chicos vecinos de su edad. Hace poco nos comentaron que en equinoterapia aprendió a “tomar las riendas” y conducir al caballo. No es poco.

Angeles tiene 8 años y concurre a la granja del zoo desde fines de 2002. Se encuentra en tratamiento en Hospital de Día 3 desde hace dos años. Sus padres tenían multitud de diagnósticos entre los que se destacaba el de autismo. Desde bebe tuvo dificultades con el sueño, espasmos de sollozo y a los 9 meses meses de vida convulsiones que requirieron internación y sonda nasogástrica. Al año y medio dejó de comer y debió ser internada nuevamente. Se recuperó algunos meses después pero no hablaba. Sólo luego de unos meses recuperó el habla, pero con una jerga con la que pretendía comunicarse sin resultados y con la que interrumpía constantemente las conversaciones entre sus padres.

A los cinco y luego de que en su provincia natal les dijeran que “no tenía nada” vinieron a Buenos Aires. En ese momento todavía usaba pañales, hablaba con monosílabos, era my hiperactiva y no estaba escolarizada.

Un núcleo problemático familiar y fantasmático para Angeles era la muerte de su hermanita mayor y el lugar de reemplazo de ésta donde era ubicada obturando el duelo y cargando con la niña muerta. Su nombre es síntoma de esta situación. En su tratamiento ha jugado a encerrar a un bebé dentro de una caja dandole así “sepultura”

Le sugieren venir al zoo para favorecer el contacto con otros chicos y a causa del interés y curiosidad que demuestra por los animales. Al comienzo era bastante hosca y su modo de alimentar a los patos, por ejemplo, era lanzando una lluvia de alimento balanceado que caía, cual meteoritos, sobre las aves. Su conexión con la tarea era tipo autómata, con gestos repetitivos y mecánicos. Una mañana tomó entre sus manos un conejito muy pequeño y luego de algunos torpes mimos lo arrojó al piso lastimándolo. Fue retada a viva voz por este gesto que, sin embargo, fue un punto de inflexión. A partir de ese momento, “muerto el perro/conejo/tal vez hermanita” despliega una mayor dosis de ternura. Lleva y trae a los conejos, se acerca a los gansos y cisnes, ha hecho “amistad” con otro chico a quien toma de la mano. Y comienza a jugar a cuidar, arropar un muñeco en su casa y a hablar mucho más. Avances que, retomados en su espacio terapéutico, repercuten positivamente en otros ámbitos, como en fonoaudiología y hacen avanzar su escolaridad.

Este año tuvo, según sus padres, “un cambio grandísimo”. En casa habla de los animales, en especial, de la jirafa. Dice que viene a “tabacar” al zoo cuando antes apenas nombraba a los animales o sus actividades. Ha establecido una clara noción de temporalidad organizada a partir del día que viene a la granja. Ahora sabe los días de la semana anteriores y posteriores al lunes. Aprendió a esperar y pudo despegarse de sus padres, separación que a comienzos de año era muy difícil, “especialmente para mí” me confía su papá.

“Mi hijo tiene 9 años y sufre un retraso madurativo que no le permite hablar. Hace muchos años comenzó con distintas terapias y cada vez que lo llevábamos era un drama; lloraba, no quería entrar y no soltaba mi mano. Pedro asiste al colegio CENTES N 1 de Barracas, y ahí me recomendaron este programa. La primera vez que fuimos -hace tres años- le gustó tanto el lugar que apenas llegamos se fue con las acompañantes y ni siquiera se dio vuelta para mirarme. Ese fue el corte. A partir de entonces los cambios fueron impresionantes. Mejoró mucho su comunicación. Todavía no habla, pero imita los sonidos de los animales y así se hace entender. Hace tres meses dijo por primera vez “mamá”. Demás está decir la emoción que sentí, y todo gracias a su terapia con animales” 4.

Esta transcripción de lo que la mamá de Pedro relató a una revista para padres no requiere mayores comentarios. Tal vez solamente señalar que el retraso se relaciona con el cuadro de repliegue autístico de Pedro. Y que es gracias a los diferentes abordajes y no “sólo” pero sí a favor de este contacto animal que lo ayuda enormemente, que está comenzando a modificar su situación.

Esteban fue llevado a la consulta a un Hospital de Día a los tres años y medio, momento en que mordía, emitía ruidos y no palabras, deambulaba de aquí para allá y aleteaba con las manos. No respondía a su nombre pero tenía conexión visual y demandaba a sus padres. El equipo consideró su cuadro más como una psicosis infantil que como un autismo. El motor de la consulta fue la sala del Jardín pues sus padres no terminaban de entender la importancia de las dificultades de su hijo. El abordaje interdisciplinario incluyó tratamiento individual, entrevistas a sus padres, interconsulta con el neurólogo y fonoaudiología. Al tiempo se produce una evolución muy favorable en cuanto a la tranquilidad y un enorme incremento de su despliegue simbólico.

Vienen al zoo y su mamá manifiesta de entrada que sufre mucho si está en lugares cerrados, que se ahoga. Le da pánico. Esteban recorre la granja al comienzo sin demasiado interés y cuando lo llevamos con el grupo al interior de un corral necesita salir apresuradamente. Durante un tiempo permanece en esa actitud hasta que, con sutileza, mi colega Vicente De Gemmis le “prohibe” entrar a los corrales. Esteban se “prende” en este juego con mirada pícara y comienza una nueva etapa de acercamiento lúdico a ese espacio. En adelante ingresa al corral de las cabras y al recinto de los patos y se pone en cuclillas para alimentarlos sin que ellos se asusten y se alejen.

La madre nos dice que durante este año aumentó mucho la capacidad expresiva de su hijo, habla y pregunta curiosamente sobre muchas cosas ante las que antes parecía indiferente. Juega, lee revistas y últimamente algunos cuentos infantiles de animales.

Germán fue atendido desde los siete en Hospital de Día por presentar un cuadro de desorganización, acelere y una rara inteligencia. Tuvo momentos de repliegue autístico alrededor de los dos años. Luego fue conectándose con el mundo de modo algo bizarro y con un modo de lazo que tenía un marcado tinte paranoide.

Atendido en forma individual su despliegue se potencia. Dice que es un “genio loco” y dada la dificlutad para conectarse con sus pares le ofrecen venir al zoo. A los diez viene por primera vez, evita los contactos, no se interesa por los animales, quiere jugar con la computadora. A la vez estudia los mapas del zoo convirtiéndose en un experto. Poco a poco va estableciendo una especial aversión por los pavos reales. Al encontrarse con ellos se asusta. Pablo Martínez, terapista ocupacional, que lo acompaña idea un juego y a través de la invención de sofisticadas armas y rayos combaten a los “monstruos”. Germán dice que sufre de “pavocitis”. Cuando sus temores aumentan deja de venir. Le damos un “ultimatum”, si no viene su lugar será ocupado por otro chico. Vuelve y con idas y venidas y a favor de que va disminuyendo su miedo Germán puede asumir el cuidado de un sector de llamas, muflones y búfalos. Actualmente a los catorce lo hace con poniendo gran esfuerzo en ello con el disfrute de haber superado su parálisis. Parece otro chico.

Gastón comenzó a venir al zoo en a comienzos de 2003. Tiene siete años y sus padres comenzaron a preocuparse al notarse algunas dificultades en la salita de tres años. Hasta ese momento Gastón hablaba poco y eso produjo un fuerte contraste con los otros chicos. Le gustaba estar con ellos pero, como le costaba hablar, se aceleraba, se ponía muy ansioso e inquieto. La mamá lo recuerda como un bebé tranquilo pero cuando se excitaba movía las manos y bracitos como un aleteo. Consultada una colega, un neurólogo y una psicopedagoga concluyeron que el problema era “emocional”. Su terapeuta cuenta que Gastón, a quien conoce desde los cuatro años, tenía una mirada vacía, hablaba muy poquito y a veces con soliloquios. Era desorganizado, inquieto y en algunas ocasiones se replegaba. Luego de iniciarse el tratamiento psicológico y el abordaje psicopedagógico la comunicación comenzó a ampliarse, y la timidez a ceder, no así la inquietud y cierta dispersión. Actualmente en su escolaridad en el CENTES lee, escribe, multiplica y habla bastante más.

Desde que viene a cuidar animales ha comenzado a jugar con unos de juguete y pide jugar al juego de la oca. Salió de lo que su terapeuta llamó una “meseta terapéutica”. En una ocasión fue empujado al agua por un compañerito. Al salir dijo “me quiero morir”, pero pese al susto quiso volver al lunes siguiente. Habla mucho más con otros chicos, quiere ir a la plaza, a trepar árboles. Ha hecho amistad con otro chico de su edad que viene al zoo pero aún no se invitan mutuamente. Dice la mamá que se interesa mucho por los patos. Que lo que le gusta mucho es ver cuando los patitos “rompen el cascarón”. Como él.

Carlos tiene actualmente 20 años. Fue atendido en Hospital de Día durante cuatro años de donde egresó a los 16. Allí le diagnosticaron Autismo. Para ampliar sus posibilidades de lazo social su terapeuta le propone venir al zoo y acepta.

Al comienzo se ocultaba de la vista de los demás. Entraba a la pajarera y se acurrucaba en un rincón. Pese a ello podía realizar la tarea encomendada (cortar frutas y dietas de aves). No miraba, casi no hablaba. Su andar era desgarbado. No presentaba manierismos ni bizarrerias, pero era extremadamente introvertido. Nos parecía difícil que pudiera tener logros importantes.

Actualmente concurre a tratamiento psicológico cada quince días a través de su Obra Social. El terapeuta propone que vaya solo cuando quiera. No esta medicado

Dos veces a la semana se levanta temprano para venir al zoo. Se lava la cara, se peina, elige su ropa. Desayuna con su madre. Viaja solo. Al regreso va al club del barrio que queda a pocas cuadras, caminando. Los sábados pasa allí todo el dia. Juega al fútbol para lo cual se pone la camiseta de Argentina y guantes de arquero. Lleva los CD de la música que le gusta. Vuelve del club protestando si le han metido muchos goles (cosa que ocurre con frecuencia). Según su papá, que a veces va a verlo jugar, como arquero es bastante bueno, se ubica, se tira sin temor pero es algo lento de reflejos.

Los otros dias la madre le deja preparado el desayuno que el calienta en microondas. Si esta solo se tira a escuchar música, mira TV y almuerza con quien esté. Su padre, su madre y su hermana trabajan. Luego va al club donde acompaña a quienes juegan a las bochas, anota. Juega a los flippers, escucha sus CD, cena con gente que lo conoce hace años: unos amigos del club que lo llevan a veces a la cancha a ver a River. Hace poco le dijo a la mamá que la novia de su amigo era su novia, una manifestación de la atracción que siente por las chicas absolutamente inédita en él.

No tiene carnet del club, sólo su carnet de discapacitado. No le gusta mostarlo en el colectivo. Propusimos que lo saque.

El equipo de musica y el discman de su casa estan rotos de tanto repetir temas y apretar muy fuerte los botones. No le gusta bañarse, miente al respecto que lo ha hecho. Antes se escondía por la casa, ahora no. En el barrio los chicos lo conocen y los cargan cuando pierde River.

Tiene muy buena relación con la hermana. Este año ella lo llevó a teñirse el pelo pues Carlos queria verse como Rodrigo. Esto produjo un gran impacto entre sus compañeros del zoo. Así personificado comenzó a caminar más erguido, como orgulloso y ya no se esconde. En el Colegio va al taller de huerta hasta el año que viene que egresa.

Sus padres iran a averiguar a la Fundacion “Paso a Paso” donde hay talleres de capacitación. Carlos podría participar de un microemprendimiento de limbricultura.

Sus padres acompañan sus pasos y sus logros con contradicciones. No confian que pueda tener una vida verdaderamente autónoma.

Mariano esta por cumplir los dieciocho. A los siete fue atendido en Hospital de Día. Claramente no era autista. Impresionaba como infantil para su edad, inmaduro y era muy inquieto. Por eso fue medicado con Neuleptil. En el Jardín era agresivo, pero cuando le respondían se mostraba indefenso. Le diagnosticaron un “Trastornos de la infancia, la niñez o adolescencia no especificado”

Mariano tenía un juego imitativo y repetitivo. Eso lo aislaba. Se reía sólo y frotaba algunas veces sus manos y las acercaba al cuello. En psicopedagogía le realizaron un CI: 57. Iba al Centes y luego de dos años pudo pasar a una Escuela de Recuperación. Alli avanzó bastante. A los 10 pasó a 3er. grado, a los 11 pasó a cuarto y comenzó a venir al zoo. Al tiempo jugaba en su casa con animalitos y contaba a sus padres lo que hacía.

Le había tomado el gusto a leer y como era tímido e introvertido esto le brindaba refugio. Luego de un tiempo de granjero pasó al grupo de los mayores para empezar a trabajar con un cuidador. Tenia 14. Un rasgo de su inseguridad fue transferido al zoo: lloraba cuando sentía o suponía que no lo querían. Y entonces preguntaba mucho, incluso al cuidador, a los acompañantes y sus compañeros: “¿Me querés?” Su desempeño fue evaluado como algo disperso pues se distraía mucho. Pese a esto manejaba bien las herramientas y podía realizar las tareas que el cuidador de las llamas le encargaba: barrer el recinto, traer y desatar los fardos de pasto, vigilar que tengan agua.

A los 15 la terapeuta plantea su incorporación a escuela normal. La idea era que deje de funcionar como discapacitado. Mariano rompe el “pase” que lo habilita a viajar sin pagar. Quiere ser como todos los chicos.

En consonancia con ese movimiento pide trabajar como ayudante del “capitán” de un barquito que paseaba por el lago el zoo. Pasa a ser “marinero” o “contramaestre” y lo hace muy contento. Se siente más confiado y reconocido lo que lleva a que deje de preguntar “cargosamente” si lo quieren. Un año mas tarde los requerimientos de estudio demandan de él más tiempo y dedicación. Acordamos que deje el zoo a fin e ese año. Sus padres creen que venir le ha hecho muy bien en todos los planos.

Tres años mas tarde viene a visitarnos. Nos cuenta que finalizó el primario y que está en tratamiento grupal y control psiquiátrico en un Hospital de la ciudad. Terminó la primaria y cursó en una Escuela de Formación laboral donde aprendió mecánica, carpintería y repostería.

Actualmente no está medicado. Es un chico agradable, que habla claramente y con matices. Recuerda su pasaje por el zoo y quiere volver a trabajar aquí.

En la semana viaja independientemente al colegio por la mañana y a la tarde luego de la merienda anda en bicicleta. Muchas veces pasean junto con su padre.

Tiene compañeros en el colegio pero no amigos. Le cuesta bastante relacionarse. Va un club de barrio y a una colonia donde hace natación.

Quiere ir a un taller de imprenta para imprimir sobre tela. Este es su proyecto para eeste año junto con el zoo y aprender el oficio de peluquero.

Eduardo fue derivado desde el CENTES 2 y el Hospital deTarde “ La Cigarra ” por presentar severos trastornos de conducta y aprendizaje que hacían sus catorce años muy difíciles de soportar para su familia y la escuela. Identificado con algunos rasgos violentos de su padre y con un tinte paranoide intenso, le habían “diagnosticado” un cuadro de “infactibilidad escolar”. Concurre varios años al zoo en calidad de aprendiz y luego de varias dificultades y puestas de límites por parte del equipo y los cuidadores se va insertando en un puesto de trabajo. Los cuidadores le dejan indicaciones escritas que comienza a sentir necesidad de descifrar. Se interesa mucho además por hacer lo propio con el comportamiento animal. Accede a tomar unas entrevistas con una psicopedagoga que logra un buen vínculo con él. Comienza a leer y escribir. Su desempeño en la tarea comienza a ser cada vez más reconocido. Es contratado hace dos años como cuidador del zoo. Respetado por todos pasa a ser transmisor de su experiencia a nuevos aprendices. Un día le digo que va a tener que tener paciencia con una chica nueva que se incorpora a trabajar. Me mira a los ojos y me dice muy serio:-”Cómo no voy a tenerle paciencia…¡Con la que me tuvieron a mí…!”

Un grupo importante de chicos y chicas, todos adolescentes, luego de pasar entre uno y tres años se han capacitado de tal modo que han recibido primero una beca de aprendiz que el zoo, a través del programa, les da a quienes se destacan y luego han sido contratados como cuidadores de diferentes sectores o para tareas de jardinería y mantenimiento. Ellos han podido torcer aquellas marcas que aparentemente los destinaban al fracaso, el extravío o la marginación y han logrado que el tiempo consienta la improbable posibilidad de crear un instante de esperanza y porvenir para sí. Esto les permitió acceder a una integración social y laboral semejante a la de otros jóvenes de su edad. Con una altísima tasa de desocupación juvenil esto es un logro absolutamente remarcable.

1 “ La Cigarra ” Hospital de Tarde dependiente del Gobierno de la Ciudad de Bs.As.

2 En la AAAEPAD cuya coordinadora es M.A. Kalbermater

3 En adelante, cuando no se explicite, se trata del Hospital de Día del Hospital Carolina Tobar García.

4Jardín de Genios . Revista para padres. Año 1 N 8/Enero 2004